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Publicado en NOTICIAS DESTACADAS Sábado, 29 de octubre de 2016 09:00

Una luminosa coyuntura

Luis Alcaide | La rebelión de los barones contra el secretario general del PSOE es una lucha interna por el poder. Sánchez ha sido sustituido por una gestora presidida por Javier Fernández. Sánchez tenía armada una estrategia. Un gobierno alternativo con Podemos, vascos y catalanes; una “alianza improbable, en la que si la influencia de Podemos fuera baja no pasaría nada” (palabras del pte. de una Socimi).

 

Una alianza con concesiones al derecho a decidir pero evitando cualquier reclamación independentista y con el interrogante de si apaciguaría a los hinchas más beligerantes de la desconexión. Una alianza también anclada en el No a Rajoy y el epílogo de un gobierno presidido por Sánchez... Los críticos han abortado el proyecto.

 

Mafalda se preguntaba: “Ahora que hemos roto la silla, ¿cómo la recomponemos?” El carpintero asturiano transmite calma y propone mirar sólo hacia delante. Delante hay una única alternativa abstención y gobierno del PP o una reedición del No y elecciones en diciembre. ¿Se mantendrán los 85 diputados de PSOE? ¿Reunirá más votos el PP?

 

La abstención da paso a un gobierno minoritario del PP sobre el que los críticos se prometen ejercer un control eficaz. Un espejismo. El PP siempre puede disolver las cámaras. También una oportunidad para negociar las propuestas de PSOE y Ciudadanos. El PP, en todo caso, formará gobierno cualesquiera que sean las reacciones emocionales ante los casos Gürtel o Tarjetas Black o los votos en contra del resto de partidos políticos.

 

La salida de Sánchez se reflejó en una caída momentanea de la prima de riesgo. El déficit presupuestario no garantiza la confianza, pero ante la benevolencia de Bruselas y los temores a nuevos brotes nacionalistas, las sanciones por incumplir el pacto de estabilidad seguirán paralizadas. En cuanto a la urgencia por prorrogar el presupuesto hasta 2017, basta con unos arreglos técnicos pero también es la gran ocasión para que el PSOE y Cs marquen sus preferencias o sus líneas rojas. Un auténtico debate de cara a la ciudadanía.

 

Y, por lo demás, la economía española atraviesa una luminosa coyuntura: precios del petróleo que recortan la factura de las importaciones, tipos de interés nulos o negativos que alivian la carga del servicio de la deuda; inestabilidades en la cuenca del Mediterráneo que favorecen el destino España, un país, el nuestro, competitivo, con salarios contenidos a consecuencia del desempleo y un notable esfuerzo empresarial que ha permitido sustituir el mercado interior por el del resto del mundo. Superavit en la cuenta corriente de la balanza de pagos mientras se gana cuota de mercado en nuestro principal cliente, la UE.

 

Lo que inquieta a la ciudadanía son el paro y la calidad de los políticos. Sólo a uno de cada 11 le preocupa la formación del gobierno. La oportunidad para que PP, PSOE y Cs afronten los problemas reales, desde el desempleo de los jóvenes hasta la instrumentación de los desahucios. Desplegar las velas interiores para aprovechar los vientos exteriores, favorables, antes de que rolen.  

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