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Publicado en OPINION Lunes, 04 de febrero de 2019 00:00

Una investigación parlamentaria de la crisis: ¿El marco ideal para estudiar aspectos macroeconómicos?

Raimundo Poveda | El pasado diciembre se conoció el borrador del informe sobre la crisis financiera preparado por una Comisión de investigación del Parlamento español. Sus trabajos fueron ciertamente extensos.

 

 

El texto, que parecía ir bien en las sesiones de la Comisión, no logró la unanimidad. Algunos partidos nuevos y sin cosas que justificar u ocultar, lo consideraron demasiado blando. Se defenderán votos particulares en una sesión parlamentaria no celebrada al cerrar este artículo.

 

Cuestiones de método

 

El fenómeno de la crisis financiera tiene varias dimensiones. Para estudiar sus aspectos macroeconómicos o cuantitativos una comisión parlamentaria no es el marco de investigación de elección, ni por el tipo de talentos a su disposición, ni por su método básico de trabajo, una sucesión de comparecencias de implicados, expertos e intereses de parte. Para la descripción económica de la crisis se recurre a materiales elaborados por organismos con preparación específica en ese terreno (el Banco de España, la consultora Oliver Wyman.

 

Más interés tiene la investigación cuando trata de los aspectos institucionales y políticos, aun sabiendo que su método tiene peligro. Los comparecientes actores tienden a mostrar “su” versión, autojustificativa si no sesgada por intereses personales (la crisis sigue abierta en los tribunales). Los intereses de parte van a lo suyo. Y los expertos tienden a acomodar los hechos a su modelo favorito, sin olvidar que algunos también fueron actores. La Comisión tiene que filtrar lo escuchado y destilar sus propias verdades. Lo que también tiene peligro, pues sus filtros están contaminados por intereses de partido.

 

Con esas dificultades metodológicas, se comprende el alborozo con que se acogen las declaraciones de quienes reconocen honestamente sus errores. Pocos o quizás uno, Pedro Solbes. E incluso en ese caso excepcional, el ex-ministro defendió su decisión de “minimizar los recursos públicos para hacer frente a la intervención de los bancos”, o sea, de no crear el banco malo en una fase temprana del deterioro bancario, confiando tal vez en el aterrizaje suave que no se produjo. Varios comparecientes, Gobernador Linde incluido, piensan que la demora en crear la SAREB incrementó el coste público del rescate bancario.

 

El ciclo de auge y crisis

 

Las líneas generales de la historia de la crisis española son sobradamente conocidas. El informe no se aparta de ellas. A fines del siglo, con la entrada en el euro, hubo una sensación de general de optimismo. Se inició un desarrollo extraordinario de la actividad constructora, apoyada por una nueva ley del suelo complaciente y unos desarrollos urbanísticos locales optimistas, y atizado por lo que el Banco de España sugirió ya en 2004 que era una burbuja de precios. Otro boom inmobiliario, en suma. Los bancos y las cajas de ahorros lo financiaron sin hacerse preguntas; para ello acudieron masivamente al mercado de emisiones nacional y europeo. Hasta 2007 todo iba bien, o eso parecía. Las entidades de crédito eran solventes y rentables, según decían sus cuentas. Hubo lo que en España se considera pleno empleo. Hubo incluso superávits presupuestarios.

 

Cuando en 2007 llegó la gran crisis internacional, la colocación de emisiones en el mercado libre se hizo difícil; aún lo sería más un par de años después, al surgir la desconfianza hacia los países “euro” demasiado endeudados

 

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