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Martes, 17 de septiembre de 2019

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Publicado en OPINION Miércoles, 17 de abril de 2019 00:00

Con o sin MiFID II… ¿cuánto gana mi fondo y cuándo me cobra?

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Como ya estamos en su segundo año de vida y su aplicación culminaba este 17 de abril, seguro que los inversores llevan ya mucho tiempo atragantándose con sesudos análisis sobre la MiFID II, la famosa directiva europea concebida para revolucionar los mercados financieros.

 

 

¿Qué supone la MiFID para la industria de los fondos y para los productos financieros en general? ¿Cómo cambia las reglas del juego? ¿A qué drásticas mutaciones obliga a los múltiples intermediarios existentes? Etcétera, etcétera… Olvídese de todas estas preguntas y de sus respuestas. Cuando vaya usted a preguntar qué pasa con su cesta de fondos después de MiFID II, las dos únicas cuestiones importantes son las de siempre: cuánto están ganando (o perdiendo) sus fondos y cuándo le están cobrando por ello (tanto por ganar como por perder).

 

Por lo menos, en este último aspecto sí que va a notar de modo inmediato los efectos de MiFID II: durante estos días de abril estará recibiendo cartas en las que las entidades le informan de cuánto le han cobrado sus fondos en comisiones durante el ejercicio pasado y por qué conceptos. Seguramente estas misivas le provocarán ardor de estómago, porque verá, blanco sobre negro, lo que antes apenas percibía, pues las comisiones se descuentan diariamente de los valores liquidativos, por lo que el inversor no las nota… O no las nota de inmediato, porque sin duda se enfada mucho cuando ve que su fondo bajó un 11,7% el año pasado después de haberle descontando una comisión de gestión del 1,50% y una de éxito (¿de qué éxito, si encima se supone que era un producto conservador?) del 10%, por no hablar de las posibles cargas adicionales que le cobre su supermercado/asesor/banquero privado por gestionarle la cartera. Una sangría continua es sin duda dolorosa, pero el dolor se renueva, y se multiplica, cuando te resumen en un papel cuánto te han cobrado sin que apenas lo notaras antes.

 

Y también a la hora de informar sobre las comisiones hay diferencias: algunas entidades las detallan y pormenorizan, como debe ser, pero otras las enredan, las camuflan, las disuelven en conceptos varios e incomprensibles… Léase, por una vez, con mucho cuidado la carta que le llegue estos días, porque en este aspecto la MiFID II sí ha supuesto una mejora sustancial para los inversores. Los productos más caros ya podrán escudarse en aquello de “ojos que no ven, corazón que no siente”.

 

En lo demás, de momento, parole, parole, parole… como decía la vieja canción italiana. Cierto: la directiva europea exige más transparencia en general y más formación de los asesores y demás agentes, lo cual en teoría –la práctica ya la veremos– también sería muy positivo para el inversor. Pero vuelve a dejar casi como estaba el efecto de los famosos test de idoneidad: al final, el mecanismo sigue basándose en que el inversor diga que sí, que por supuesto que sabe lo que es una put, un warrant o un hedge fund, y firme así una especie de confesión que se resume en “sí, soy consciente de que con este fondo (o cualquier otro producto financiero) puedo perder lo que no está escrito, así que no voy a quejarme después, aunque me hayan colocado un garantizado de esos que, para ganar dinero, necesita que caiga un meteorito en Parla o se seque de golpe el Mar Rojo… O me hayan vendido una nota estructurada que no hay quien la entienda por más que me dijeran que es casi lo mismo que un depósito a plazo”. Avisados quedan, con o sin MiFID II. 

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