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Publicado en OPINION Viernes, 03 de mayo de 2019 00:00

Cómo elige un fondo sus inversiones ASG

Manuel Moreno Capa | La inversión socialmente responsable es una megatendencia que ha llegado para quedarse. Cada vez más gestoras de fondos comercializan productos que, se supone, sólo invierten en empresas que respetan los criterios ASG, es decir, ambientales, sociales y de buen gobierno empresarial.

 

 

Pero, ¿de verdad filtran las gestoras con estos criterios las compañías en las que invierten? ¿O ASG es sólo una etiqueta que, en ocasiones, no se aplica debidamente? ¿Se descarta de verdad una compañía con gran potencial de rentabilidad para el inversor si no cumple alguna de las letras de esta exigente sigla?

 

 

La G es lo más importante. Si los responsables de una compañía tienen claro que esta debe cambiar para cumplir con los criterios ASG, la compañía cambia”. Así de contundente se muestra Isabel Reuss, directora global de análisis ISR (inversión socialmente responsable) de Allianz Global Investors. “Si los altos ejecutivos de la empresa no están concienciados, y remunerados, para evolucionar hacia un modelo socialmente responsable, la compañía no evoluciona”, subrayó hace unos días durante una presentación de su gestora.

 

Llama la atención que Reuss destaque que los ejecutivos deben estar debidamente remunerados. Se supone que si pagas a alguien para que haga algo concreto, seguramente lo hará. De ahí que esta insistencia en que la letra G, el buen Gobierno de las compañías, sea al final el factor definitivo que sigue el analista para recomendarle a la gestora que efectivamente invierta en esa empresa que sí cumple los criterios mágicos.

 

La G se convierte en el factor decisivo del proceso de selección sobre todo cuando una compañía es elegida por sus buenos resultados financieros, pero suscita dudas sobre su comportamiento socialmente responsable. Al final, a los analistas de la gestora de fondos no les queda más remedio que visitar la empresa, hablar con sus ejecutivos y comprobar que efectivamente están concienciados y debidamente remunerados (léase motivados) para cumplir los criterios ASG. Es el paso final de un proceso que, según Reuss, sigue varios filtros.

 

El primero es el más evidente: que la compañía respete los derechos humanos, no utilice empleo infantil, no contamine, no se dedique a negocios armas, alcohol, tabaco, etcétera. Eso parece fácil de determinar. Pasado este primer control, se realiza el análisis financiero. Si este segundo filtro se supera, pero hay dudas respecto a algún criterio ASG, no queda más remedio que la visita personal. ¿Por qué pueden producirse estas dudas? Según Reuss, porque “los proveedores de datos ASG manejan en ocasiones datos viejos y no han visitado la compañía”.

 

Próximamente tendremos ocasión de ver si un gran grupo que está a punto de salir a Bolsa cumple estos criterios ASG y, por tanto, merece ser incluido en las carteras de los principales fondos de inversión. Les daré algunas pistas: se trata de la compañía con más beneficios del mundo (gana ella sola más que Microsoft, Apple y Facebook juntas), pero está controlada por un Estado con serias deficiencias en derechos humanos. Seguro que ya saben de qué empresa hablo. Volveré sobre ella en el próximo artículo.  

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