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Publicado en OPINION Viernes, 10 de mayo de 2019 00:00

¿Invertirán las grandes gestoras en un gigante no muy ASG?

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Igual que hay amantes, o coroneles, que no tienen quienes les escriban, hay valores que no tienen quien los analice. Casi sesenta compañías cotizadas en la Bolsa española y cuarenta en su equipo de alevines (el MAB o Mercado Alternativo Bursátil) no son seguidas ni analizadas por experto alguno (según la propia BME).

 

 

En el extremo contrario, la compañía con mayores beneficios del mundo, la saudí Aramco, seguro que está bajo la lupa de cientos de analistas en todo el planeta, muy atentos ya a su colocación en Bolsa prevista para 2021.

 

Pero lo primero que habría que analizar es si la gigantesca petrolera controlada por el Reino del desierto será o no una inversión socialmente responsable. Un análisis muy pertinente sobre todo para las gestoras de fondos que –como comentaba la semana pasada– han hecho bandera (incluso comercial) de su creciente apuesta por empresas que respeten las tres letras mágicas ASG, es decir, que operen con estrictos criterios ambientales (A), sociales (S) y de buen gobierno (G).

 

Ya es complicado que una petrolera tradicional reciba buena nota, o siquiera un aprobado, en la letra A. Sobre la S también podríamos hablar, o dudar, bastante. Y sobre la letra G, no digamos, puesto que al final es el factor que, nunca mejor dicho, gobierna a los otros dos.

 

Aramco saca petróleo mediante el sistema más simple y tradicional: haciendo agujeros en un desierto enorme cuyas verdaderas reservas nunca conoceremos (siempre he creído que si se desvelara la inmensidad de estos yacimientos, el precio del crudo se hundiría sin remedio). Hacer un agujero sobre este océano petrolero no implica, en principio, graves riesgos ambientales. Además, es sencillo y barato: producir un barril le cuesta a Aramco 6,4 euros, frente a más de 25 a las demás petroleras. Así que, tal vez, no haya muchas dudas sobre la letra A. Pero el hecho de que la empresa dependa del buen gobierno del príncipe Mohamed, el hijo preferido del rey Salmán, ya suscita algunas dudas sobre la G. Tampoco ayuda que sus beneficios sufran una presión fiscal del 50% (hasta el año pasado era del 85%), por lo que en 2018 abonó al Reino más de 91.000 millones de euros en impuestos y regalías, destinados no precisamente a fines sociales, a no ser que se considere muy social financiar un creciente gasto militar, amén del lujoso tren de vida de las élites saudíes. Así que tampoco la letra S de la sigla ASG sale bien favorecida… y menos aún si hablamos de cómo Arabia Saudí trata a sus ciudadanas, a sus disidentes políticos o a su mano de obra inmigrante.

 

Pese a todo ello, ¿renunciarán los grandes gestores internacionales a comprar acciones de Aramco cuando el monstruo saudí salga a Bolsa? ¿O tal vez no se fijen tanto en los criterios ASG, sino más bien en el hecho de que la enorme petrolera ganó el año pasado 111.100 millones de dólares? Como el debut bursátil de Aramco no está previsto hasta 2021, quizás le dé tiempo a mejorar un poco en ASG, especialmente en esa letra G de buen gobierno que tantas dudas suscita. Aunque, si no logra sacar brillo a la G, ¿importará algo frente a unos beneficios anuales que superan a los que obtienen conjuntamente Apple, Microsoft y Facebook

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