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Martes, 27 de octubre de 2020

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Publicado en OPINION Martes, 28 de octubre de 2014 01:00

La banca española se queda sin argumentos para no abrir el grifo del crédito

Por Carlos Díaz Güell | A la banca española ya no le quedan argumentos para no abrir el grifo del crédito siempre que la demanda del mismo se sustente en una economía sólida y con futuro. Al menos a esa conclusión cabe llegar tras conocer los resultados del test de estrés realizados a la banca europea patrocinados por la Autoridad Bancaria Europea (EBA) y el Banco Central Europeo (BCE) y que suponen el punto de partida del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), el nuevo regulador bancario europeo cuyas tareas serán desempeñadas por el BCE desde el próximo mes de noviembre.

El optimismo de los analistas se basa en el hecho de que muchos bancos han anunciado, tras conocer los resultados de las pruebas su intención de incrementar el crédito, entre otras razones porque con el carry trade cada vez menos atractivo y los costes de financiación (tanto mayorista como minorista) en niveles mínimos, la única vía para el crecimiento de márgenes es ahora el incremento de la actividad crediticia.

 

Los resultados obtenidos por los 15 bancos españoles permiten aventurar que las necesidades de capital ya no van a ser razones ni suficientes ni necesarias como para seguir contrayendo el crédito, aunque en los buenos resultados obtenidos por los bancos españoles se mezclen entidades que han conseguido buenos estándares de capital gracias a las jugosas ayudas públicas, junto con otras que han tenido que superar las pruebas gracias al musculo financiero propio.

 

El préstamo del BCE a las entidades de crédito españolas en septiembre, se ha reducido un 36% respecto al mismo periodo de 2013 y un 4,8% con relación al mes anterior, lo que confirma la tendencia de reducción en el recurso de liquidez de los bancos españoles al BCE y corrobora el proceso de normalización de acceso a los mercados de capitales y su financiación de la banca española.

 

Sin embargo, es necesario tener presente el actual contexto de aversión al riesgo, lo que ha llevado a que se hayan reducido considerablemente en las últimas semanas emisiones subordinada, ni por parte de bancos ni de compañías. Otro signo del menor apetito inversor es la caída en el plazo de la deuda corporativa emitida en octubre, que se sitúa en 7,3 años de media, 1,3 años menos que el promedio de 2014 de 8,6 años.

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