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Publicado en OPINION Lunes, 27 de junio de 2016 17:00

Rajoy podrá gobernar, con condiciones

Fernando G. Urbaneja | Los españoles volvieron a votar seis meses después sobre unas ofertas que han cambiado muy poco; la única novedad relevante era la integración de Izquierda Unida y Podemos que ha resultado irrelevante, la nueva/vieja izquierda no ha sumado nada, ha repetido en escaños y votos el resultado de diciembre, cuando IU fue a su aire. 

 

Las encuestas advertían dos datos novedosos: primero que Podemos adelantaría a los socialistas, y segundo que la izquierda encabezada por Podemos podría gobernar. Ambas hipótesis han fracasado, las encuestas han fracasado, y de esta segunda vuelta solo hay un partido reforzado: el PP de Mariano Rajoy. El PP ha conseguido cuatro puntos más que en diciembre (de casi el 29% al 33%) y 137 escaños (+14) que están lejos de la mayoría (176) pero también de la segunda fuerza (los 85 escaños socialistas).

 

Con los datos sobre la mesa es difícil volver al bloqueo anterior e impedir a Rajoy formar gobierno. El problema para Rajoy es que tiene que conseguir la complicidad activa o pasiva de los socialistas. Y el problema para los socialistas es explicar que no tienen otra alternativa que soportar a Rajoy y al PP en el Gobierno.

 

La fortaleza socialista, su carácter decisivo, se compadece mal con su debilidad objetiva, el peor resultado de su historia, 85 diputados, menos del 25% de los votos, lo cual impone rectificaciones, refundación y, probablemente relevos. Su problema es que la alternativa de Susana Díaz pierde posibilidades ya que el resultado andaluz ha sido deficiente, les ha ganado el PP por dos escaños. Gestionar la crisis socialista no es sencillo, menos aun con un líder como Pedro Sánchez que lo único que ha acreditado es resistencia en el cargo, pero insuficiente desempeño para salir de la crisis.

 

Sánchez podría consolidarse si consigue imponer a Rajoy un programa reformista que sea percibido por los españoles como atractivo, pero sin renunciar a la condición de jefe de la oposición; que es como sorber y soplar al mismo tiempo.

 

Los nuevos partidos que prometían modificar definitivamente el tablero político, se han quedado en puertas de todo; salen de estas elecciones algo peor que de las de diciembre, pero sobre todo salen muy decepcionados porque esperaban más.

 

Con los datos sobre la mesa, los españoles aspiran a poco, que Rajoy repita significa que no hay alternativa. Con un hecho inquietante, la irrelevancia del PP en las dos comunidades autónomas críticas: Cataluña y País Vasco. Y con el dato de la dificultad del PP para pactar con otras fuerzas políticas. Con esos datos esperar un gobierno fuerte, ideas claras, capacidad de ejecución requiere optimismo desbordante.

 

Tras dos elecciones agónicas el panorama político español sigue preñado de incertidumbres; reformas pocas, acuerdos complicados y programas livianos. Es probable que se forme gobierno este verano, pero poco probable que agote la legislatura.  

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