José Manuel Marín Cebrián (Fortuna SFP) | Los mercados no rectifican por capricho. Rectifican cuando cambian las expectativas. Y en las últimas semanas el ajuste ha sido elocuente: la narrativa sobre la inteligencia artificial sigue intacta, pero el dinero empieza a exigir algo más que promesas de crecimiento.
Tras una primera rotación desde tecnología hacia sectores más cíclicos, el movimiento ha ganado profundidad. Parte del flujo ha salido de la renta variable para buscar refugio en la deuda soberana, especialmente en el US Treasury bond y el Bund alemán. No se trata de un giro abrupto, sino de un desplazamiento prudente. No es desconfianza estructural, es gestión del riesgo.
El debate no es la tecnología, es el retorno
Las grandes compañías tecnológicas están inmersas en un ciclo inversor sin precedentes: centros de datos a gran escala, semiconductores avanzados, consumo energético creciente y talento altamente cualificado. El CAPEX se ha disparado.
La cuestión no es si la inteligencia artificial transformará la economía. Todo apunta a que lo hará. La pregunta es cuándo y a qué ritmo ese esfuerzo inversor se traducirá en retornos suficientes para justificar el coste del capital.
Cuando la inversión supera la generación de caja, la financiación se apoya en deuda o en consumo de balance. Y en un entorno de tipos todavía elevados, la aritmética se vuelve exigente: si el retorno sobre el capital invertido no supera con claridad su coste, la ecuación se tensiona. El mercado no espera a que esa tensión sea visible en los resultados. La anticipa.
El precio del dinero recupera protagonismo
La postura de la Fed sigue siendo determinante. Un escenario de tipos altos durante más tiempo implica financiación más cara y múltiplos más comprimidos. Si a ello se suma el riesgo de repuntes inflacionistas por energía o salarios, la renta variable de crecimiento es la primera en acusarlo.
En este contexto, el atractivo de un cupón conocido gana peso frente a un crecimiento incierto. Es el clásico flight to quality: previsibilidad frente a promesa.
Más balance, menos narrativa
Lo que está ocurriendo no es una enmienda a la totalidad de la megatendencia de la IA. Es un ajuste de expectativas. El mercado ya no está dispuesto a financiar cualquier proyecto sin exigir visibilidad en los flujos y disciplina en el capital. Se impone una lógica más sobria: menos relato, más balance; menos expansión a cualquier precio, más preservación de capital.
La rotación hacia los bonos funciona como termómetro. Cuando el capital prioriza el cupón sobre el crecimiento, el mensaje es claro: la visibilidad no basta para sostener valoraciones exigentes con CAPEX apalancado.
Más allá del entusiasmo tecnológico, vuelve a mandar la aritmética financiera. Y en fases como la actual, el inversor prudente no persigue titulares; evalúa riesgos, pondera costes y actúa con disciplina. Porque los ciclos no avisan dos veces, y cuando giran, lo hacen con rapidez.



