Mirova ( Natixis) | Las cifras hablan por sí solas. En el estrecho de Ormuz se están bloqueando casi 20 millones de barriles al día. El desvío a través de los oleoductos de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos solo permite redirigir 6 millones de barriles al día, una cifra cercana a su capacidad máxima. Qatar se ha visto afectado en un 17 % de su producción de GNL, y se estima que se necesitarán entre 2 y 3 años para recuperar la plena capacidad. Incluso aunque se resuelva el conflicto, los precios de la energía seguirán siendo estructuralmente más altos que sus niveles previos a la crisis.
Dos factores explican esto: la destrucción física de las infraestructuras de petróleo y gas en los países del Golfo, cuya reparación llevará tiempo; y la prisa por reconstruir las reservas estratégicas, lo que mantendrá la presión al alza sobre los precios. El gas europeo, que se cotizaba en torno a los 30 € por megavatio-hora antes del conflicto, podría estabilizarse en torno a los 40-50 € incluso en un escenario favorable, mientras que el barril de petróleo fluctuaría en torno a los 85 USD de media durante el resto del año.
Pero el riesgo verdaderamente preocupante radica en la naturaleza no lineal de la crisis. Las reservas comerciales y estratégicas — la AIE ha liberado 400 millones de barriles— están sirviendo actualmente como sustituto de las pérdidas de producción. Al ritmo actual, las reservas podrían alcanzar niveles históricamente bajos a finales de abril o mayo. La relación entre los niveles de existencias y el precio del petróleo pasaría entonces a ser exponencial, con el riesgo de un giro hacia un escenario de escasez física —un escenario que el mercado no está descontando en absoluto en esta fase—. En caso de un conflicto prolongado, el Brent podría alcanzar los 150-200 dólares por barril, y el gas europeo, los 100-150 euros por MWh.
Los ganadores en Bolsa
Sistemáticamente, durante estos periodos de tensión energética, los sectores de la energía y los servicios públicos obtienen mejores resultados, mientras que los sectores de consumo registran un rendimiento significativamente inferior. Esta es precisamente la estrategia estagflacionaria que el mercado puso en práctica en marzo. Además, las crisis energéticas suelen ir seguidas de superciclos de inversión en fuentes de energía alternativas; así ocurrió en la década de 1980 con la exploración en el Mar del Norte y el Golfo de México. La energía nuclear, las energías renovables y las soluciones para mejorar la independencia energética de los países (almacenamiento, eficiencia, etc.) serán probablemente las principales beneficiarias de este nuevo episodio.



