Pedro del Pozo (Mutualidad) |La reciente intervención de EE.UU. en Venezuela constituye uno de esos episodios que obligan a levantar la vista del corto plazo y a preguntarse qué está realmente en juego para el petróleo y, por extensión, para el conjunto de las materias primas.
La reacción inicial del mercado del oro negro ha sido, en apariencia, sorprendentemente moderada: no hemos visto un shock abrupto de precios ni movimientos desordenados en las curvas de futuros.
Esto tiene una explicación sencilla: Venezuela, pese a contar con las mayores reservas probadas del mundo, lleva años siendo irrelevante desde el punto de vista de la oferta efectiva. Produce poco, exporta poco y condiciona poco el equilibrio inmediato entre oferta y demanda.
Esto es sabido por el mercado y, como siempre, actúa en consecuencia. Aquí conviene insistir en una idea fundamental, que es que los mercados no reaccionan a los titulares: reaccionan a las expectativas que los titulares alteran. Y, en el muy corto plazo, la expectativa dominante es que la intervención no va a retirar ni incrementar barriles, de manera relevante, del mercado global.
Sin embargo, sería un error quedarse en esa lectura superficial. El verdadero impacto de lo que está ocurriendo en Venezuela no se juega en semanas, sino en años. La pregunta relevante no es cuánto petróleo produce hoy el país, sino cuánto podría llegar a producir mañana, si se dan las condiciones políticas, jurídicas y financieras adecuadas.
Una eventual normalización institucional abriría la puerta a un proceso de inversión masiva en infraestructuras energéticas, hoy obsoletas. Las grandes compañías internacionales conocen bien el potencial del subsuelo venezolano y, si el riesgo político se reduce, el capital acabará llegando. Y, cuando eso ocurra, el mercado tendrá que empezar a descontar un nuevo actor relevante en la oferta mundial. Este es el punto que todavía no está en precios. Y ahí es donde el análisis debe ser prudente, pero también honesto: una Venezuela estable y productiva sería un factor estructuralmente bajista para el precio del petróleo, a medio y largo plazo.
Mientras ese escenario se construye -o no-, el mercado introduce un elemento que nunca desaparece del todo, pero que ahora vuelve a ganar protagonismo: la prima de riesgo geopolítico. No se trata solo de Venezuela. Se trata del mensaje implícito que deja la intervención estadounidense y de cómo se percibe el uso de poder en un mundo cada vez más fragmentado.
Cuando la geopolítica se endurece, el mercado exige un “seguro”. Ese seguro se refleja en precios más altos para los activos reales, y en flujos hacia materias primas consideradas refugio. No es casualidad que el oro haya reaccionado al alza, ni que ciertos metales industriales estén mostrando volatilidad. No es miedo irracional: es gestión del riesgo.
En todo caso, el petróleo es el eje central, pero no el único. La intervención en Venezuela afecta también a expectativas sobre el gas, metales, fertilizantes y cadenas de suministro regionales. En realidad, América Latina vuelve a aparecer en el radar de los grandes fondos, no solo como oportunidad, sino como foco de riesgo político.
Esto tiene implicaciones claras para la asignación de activos: en un entorno de transición energética, inflación todavía sensible y tipos de interés en zonas cercanas a equilibrio (por la parte baja, lo que implica posibles movimientos al alza, a medio plazo) las materias primas siguen desempeñando un papel de diversificación que muchos inversores institucionales no pueden ignorar.
Desde el punto de vista del inversor, el mensaje es claro; ni dramatismo ni complacencia. El mercado ha reaccionado con calma, porque el impacto inmediato es limitado, pero sería ingenuo pensar que este episodio no tendrá consecuencias. La historia energética está llena de ejemplos en los que los grandes cambios no se producen de golpe, sino por acumulación de decisiones políticas.
Hoy, Venezuela no mueve el precio del barril. Mañana podría hacerlo. Y, entre medias, los mercados seguirán ajustando expectativas, primas de riesgo y estrategias de inversión. Porque, una vez más, la geopolítica está recordando que siempre acaba pasando por caja. Y, en ese sentido, no está de más una cierta dosis de prudencia, para comenzar este 2026.



