Franco Machiavelli | Cuando Donald Trump amenazó con cortar todas las relaciones comerciales con España por negarse a ceder sus bases militares para bombardear Irán, los mercados locales entraron en tensión y la narrativa se amplificó. No obstante, es jurídicamente imposible de ejecutar, además de económicamente contraproducente para los propios intereses de Estados Unidos y políticamente hueco en el contexto de derecho internacional y reglamento europeo.
El primer problema de Trump es que España no tiene política comercial propia. Desde el Tratado de Roma de 1957, la política comercial es competencia exclusiva de la UE, no de España. España no negocia aranceles, no firma tratados comerciales bilaterales y no puede ser objeto de sanciones comerciales unilaterales sin que esas sanciones afecten automáticamente a los otros 26 Estados miembros de la UE.
Tampoco podría invocar el instrumento legal basado en la ley IEEPA, que otorgaría a Trump poderes extraordinarios en materia de comercio exterior bajo declaración de emergencia internacional, puesto que el mes pasado el Tribunal Supremo de EEUU dictaminó la no potestad general para imponer aranceles, pues esa competencia corresponde al Congreso.
Trump amenaza a España con un arma de fogueo, no tiene base legal, ni base lógica, y es contraproducente para sus propios intereses.
La balanza comercial le da la razón a España, y no a Trump.
En 2025, España exportó a EE.UU. bienes por valor de 16.716 milloens de euros, mientras que importó 30.175 millones. El déficit comercial es de España, no de EEUU. Es decir, Estados Unidos vende casi el doble de lo que compra en bienes físicos, y esa brecha se amplificó aproximadamente un 34% en 2025. Si alguien tiene incentivos económicos para no romper esta relación, es precisamente Estados Unidos.
Y la historia no acaba ahí. En materia de comercio de servicios (turismo, servicios financieros y consultoría) la balanza se invierte. España tiene un superávit con EEUU que ha pasado de 1.000 millones de euros en 2013 a más de 10.500 millones en 2024, es decir, se ha multiplicado por 10 en una década.
No obstante, es cierto que existe un punto crítico: la energía. Aquí sí hay una dependencia real, y en el contexto actual, especialmente sensible. Estados Unidos es el primer proveedor de GNL de España, además, España duplicó en 2025 el volumen de GNL. En materia de crudo ocurre algo similar, duplicando el volumen de compras, convirtiendo a EEUU en su principal proveedor de crudo. Esta dependencia es sensible a nivel estructural, y pese a que pueda ser diversificable a medio plazo, en el contexto más inmediato de crisis en el Estrecho de Ormuz, este sería el único flanco donde la amenaza de Trump tiene mordiente real.
En el lado exportador, los sectores españoles con exposición real son el agroalimentario de calidad (aceite de oliva y vino), maquinaria, material eléctrico e industria de la moda. EE.UU. concentra cerca de un cuarto de las exportaciones españolas fuera de la UE, lo que no es una cuestión menor.
El impacto de estas hipotéticas represalias sería en cualquier caso sectorial, pero no sistémico
La pregunta no es si España puede permitirse este conflicto, sino si EEUU puede permitirse un conflicto comercial abierto con la UE mientras sostiene simultáneamente una guerra contra Irán con los mercados energéticos bajo presión, el Estrecho de Ormuz paralizado, el precio del petróleo disparándose y amenazando a la inflación, y un Tribunal Supremo limitando los instrumentos ejecutivos disponibles. Todo ello en medio de elecciones de medio mandato y el mercado aguantando el aliento. La lectura, al menos en términos económicos estrictamente, es que los costes de escalar todos estos conflictos son desproporcionadamente altos para Estados Unidos.
Consideramos que la amenaza de Trump es ruidosa, como gran parte de sus estrategias de negociación (como demuestran los recientes precedentes desde 2025), no hay base legal para ejecutarlas, la lógica económica para hacerlo es contraproducente (salvo en materia energética), y lo más relevante, la narrativa geopolítica para sostener dicho conflicto es la peor posible.”



