Ulrike Kastens (DWS) | El Banco Central Europeo se enfrenta a una reunión difícil el próximo jueves. Se espera que mantenga el tipo de depósito en el 2% sin comprometerse previamente a una nueva trayectoria de los tipos de interés. Sin embargo, dados los recientes cambios geopolíticos, surge la cuestión de si la valoración del BCE de que se encuentra en una buena posición sigue siendo adecuada.
La cuestión crucial aquí es cuánto durará la guerra con Irán y cuánto tiempo provocará cambios significativos de los precios de la energía. Como no hay una respuesta sencilla, es aún más importante que la presidenta del BCE, Lagarde, asegure a los mercados que la inflación experimentada en 2022 y 2023 no se repetirá. En este contexto, las subidas de los tipos de interés son cada vez más probables, mientras que las bajadas están descartadas.
En un entorno de subida de los precios de la energía, los riesgos de inflación han aumentado significativamente, sobre todo teniendo en cuenta que el aumento del coste de la vida en los últimos años se ha asentado firmemente en la mente de los consumidores. Al fin y al cabo, han sido necesarios cinco años para recuperar prácticamente las pérdidas de salario real acumuladas desde el inicio de la pandemia.
El riesgo de una segunda oleada de efectos en la inflación ha aumentado, especialmente por la actual rigidez de los mercados laborales y el poder de las empresas para subir los precios. No obstante, no se espera que el BCE actúe con precipitación: se necesitaría algo más que unos datos de inflación débiles en marzo para desencadenar una respuesta de política monetaria.
En conclusión, seguimos esperando que el tipo de depósito se mantenga en el 2% en los próximos meses. Sin embargo, si fuera necesario, es probable que el BCE actúe con mayor rapidez que en 2022 para contrarrestar el aumento de esas expectativas de inflación.



