España: la economía mejor, la política peor

Joan Tapia (Barcelona) | El FMI prevé un crecimiento del 6,4% para España, pero el país está casi paralizado a la espera de los resultados de las elecciones de Madrid.

La crisis provocada del coronavirus, con la que llevamos ya más de un año, está lejos de ser superada. Pero quizás lo peor es que un pesimismo latente -injustificado pero real- tapa demasiadas veces datos y realidades que inclinan a un cauto y razonado optimismo. Si a ello le unimos el desconcierto político -de los gobiernos, los partidos y los ciudadanos- ante el mundo pandémico y post-pandémico nos encontramos -más en España, pero no sólo aquí- ante una extrema confusión que altera la realidad. Y que incluso arrincona el optimismo razonado como algo incómodo, incorrecto, casi pornográfico.

En España, hay datos, pasada ya la Semana Santa, que deberían inclinar la balanza a un moderado optimismo. El primero, las cifras de paro y empleo (número de cotizantes a la Seguridad Social) de marzo que fueron mejores de lo esperado El paro bajo en 59.000 personas y se crearon 70.000 empleos (flojo para un marzo), pero al mismo tiempo 140.000 trabajadores abandonaron la protección de los ERTE, con lo que se incorporaron a la actividad real 210.000 personas.

CRECEREMOS CON FUERZA
Tenemos 400.000 parados más que hace un año, lo que es grave, pero el mecanismo de los ERTE y similares -que los gobiernos de la UE han desplegado en base al modelo alemán- han suavizado los efectos sociales de la crisis. Llegamos a tener 3,5 millones de trabajadores en ERTE y ahora sólo quedan 740.000. Y el numero de afiliados a la Seguridad Social a fines del pasado trimestre, 18,9 millones, es bastante similar al del pasado año. Cierto, ahí están los 740.000 en erte que son una amenaza potencial pues habrá empresas -sobre todo del sector servicios y hostelería- que acabarán cerrando. Pero las perspectivas de vacunación, una vez que la UE parece haber resuelto el grave problema de suministro del primer trimestre, indican que lo peor no es el futuro más probable. Marzo ha vuelto a demostrar que cuando bajan las restricciones a la movilidad, la economía y el empleo se reactivan.

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