Palantir bate récords mientras se multiplican las alarmas éticas: de su manifiesto «tecnofascista» al sistema ELITE e ImmigrationOS usado por el ICE

Palantir se dedica a la creación de software para ayudar en las investigaciones y operaciones antiterroristas

Ana Guzmán Quintana (Portocolom AV) | Hace unas horas Palantir Technologies ha presentado sus resultados del primer trimestre. Las cifras son extraordinarias: un crecimiento de ingresos del 85% interanual hasta 1.630 millones de dólares, con los ingresos de EE.UU. superando el 100% de crecimiento anual por primera vez desde la oferta pública directa de la compañía, un BPA ajustado de 0,33 dólares frente a los 0,28 esperados, y unos ingresos gubernamentales en EE.UU. de 687 millones (+84%). La compañía elevó además su previsiones hasta los 7.656 millones de dólares, un crecimiento del 71% previsto para el conjunto de 2026. Unos números que para cualquier otra empresa tecnológica habrían sido recibidos con entusiasmo sin reservas. Pero Palantir no es cualquier empresa tecnológica. Y esta presentación de resultados no ocurre en el vacío.

En Portocolom, lo advertimos hace meses. El 13 de febrero de 2026 activamos una alerta interna sobre la compañía, no como consecuencia de un deterioro en sus métricas financieras ni de un cambio en clasificaciones sectoriales. La señal llegó, como suele ocurrir en el análisis cualitativo riguroso, de la acumulación de indicios que eran difíciles de ignorar. El uso de su tecnología por parte de ICE para la identificación y localización de migrantes en Estados Unidos. Las colaboraciones con el Ministerio de Defensa de Israel en un contexto geopolítico de máxima sensibilidad. Y las declaraciones públicas de su CEO, Alex Karp, defendiendo con convicción el papel de la tecnología en contextos de conflicto armado.

Lo que entonces era una lectura prospectiva se ha convertido, semanas después, en hechos documentados de primera plana. El llamado «manifiesto» de Palantir, un texto de 22 puntos publicado en abril en la red social X y basado en el libro The Technological Republic de Karp y Nicholas Zaminska, ha desatado una ola de críticas a escala global. Filósofos, parlamentarios, economistas y juristas han calificado el documento de «tecnofascismo», una declaración de principios en la que el software se presenta como arma principal para garantizar la supervivencia de Occidente, donde la burocracia y la democracia se describen como frenos al progreso, y donde Silicon Valley tiene, en palabras del propio Karp, una obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación.

Al mismo tiempo, investigaciones periodísticas independientes y filtraciones documentadas han revelado que las herramientas de Palantir, en particular el sistema ELITE e ImmigrationOS, permiten al ICE cruzar datos sanitarios, fiscales, bancarios y de redes sociales de millones de personas para construir perfiles de localización de inmigrantes con una precisión que Amnistía Internacional ha calificado de aparato de vigilancia sin precedentes. Según documentos filtrados, en operaciones especiales el sistema puede desactivar sus propios filtros de selección para mostrar todos los objetivos dentro de un conjunto de datos, lo que amplía de forma ilimitada el universo de personas rastreadas más allá de cualquier criterio penal previo.

Frente a estos hechos, el mercado tiene hoy una oportunidad y una responsabilidad de hacerse la pregunta correcta. No solo si Palantir bate las estimaciones de consenso o actualiza al alza su previsión para el resto del año, sino qué tipo de crecimiento está financiando.

En Portocolom aplicamos un modelo de análisis bajo la premisa de que ninguna inversión es moralmente neutra. Nuestro marco integra rentabilidad, riesgo e impacto no como compartimentos estancos, sino como dimensiones interrelacionadas. Y es precisamente desde esa perspectiva desde donde el caso Palantir resulta más revelador. La empresa no cotiza como una compañía de defensa, pero opera crecientemente como tal. Sus ingresos gubernamentales representaron el 54% del total en 2025, y el contrato con el DHS por el desarrollo de ImmigrationOS asciende a cerca de 30 millones de dólares solo en ese ámbito. Mientras tanto, Wall Street mide con entusiasmo el crecimiento del negocio comercial, como si ambas realidades pudieran analizarse por separado.

Aquí conviene subrayar uno de los principales puntos ciegos de muchos marcos de sostenibilidad tradicionales. No basta con analizar qué hace una compañía. Es imprescindible preguntarse para qué se utiliza lo que hace, y en qué contexto. El gestor de un fondo con el que mantuvimos un diálogo en marzo de este año argumentó que Palantir no debe considerarse una empresa de defensa, que las controversias no tienen impacto material, y que la responsabilidad última recae en los gobiernos que usan la tecnología. Es una postura comprensible desde una lectura puramente financiera. Pero desde nuestra perspectiva, y desde la Doctrina Social de la Iglesia y el marco Mensuram Bonam que guía nuestro análisis, quien aporta capital participa, indirectamente, en la expansión de determinados modelos de negocio y sus consecuencias previsibles.

Por eso, cuando en marzo procedimos al reembolso del fondo en el que existía una exposición indirecta a Palantir, en torno al 0,13% de las carteras, la decisión no respondió a que la exposición fuera elevada. Respondió a que la ética y el riesgo reputacional no se miden únicamente en puntos básicos de una cartera. En determinados casos, incluso una exposición limitada puede resultar cualitativamente significativa si pone de manifiesto una falta de coherencia entre el marco de inversión definido y las decisiones que finalmente se adoptan.

Cuando Palantir presenta sus cifras, muchos inversores ven en las pantallas una historia de crecimiento exponencial. Ven el AIP, su plataforma de inteligencia artificial para clientes empresariales, dispararse. Ven una puntuación en la Regla del 40 rozando el 145%, una referencia que la propia empresa ha usado para describirse como un caso único en el sector tecnológico. Y tienen razón, las cifras son extraordinarias.

Lo que nos preguntamos en Portocolom es si esas cifras cuentan la historia completa.

El caso Palantir ilustra con claridad nuestra forma de entender la inversión sostenible en sectores como la tecnología avanzada o la inteligencia artificial, donde los riesgos no siempre son visibles en los datos tradicionales. Exigen una lectura más profunda, contextual y de fondo. Un análisis que no se detenga en el múltiplo de valoración ni en la calificación de una agencia de sostenibilidad, sino que incorpore señales cualitativas, contexto geopolítico y la evolución del discurso estratégico de la empresa.

Hoy, mientras el mercado celebra o cuestiona los resultados de Palantir, nosotros recordamos que la sostenibilidad exige criterio, no solo métricas. No se trata de posiciones absolutistas ni de simplismos. Se trata de reconocer que la coherencia en la inversión implica tomar decisiones. Incluso cuando el crecimiento trimestral invita a mirar hacia otro lado.”