Cada mayo, el mismo error: la sabiduría popular más cara de la renta variable

Ivan Ferrandiz

Iván Ferrandiz (Tesys AF) | Cada primavera, el viejo adagio bursátil “Sell in May and go away” reaparece con fuerza en titulares y conversaciones de mercado. La premisa es sencilla: reducir exposición a renta variable en mayo y volver en otoño para evitar meses históricamente más débiles. Un aforismo que circula con la naturalidad de quien ha repetido algo tantas veces que ya nadie se pregunta si sigue siendo verdad, o si alguna vez lo fue del todo.

Un refrán con más siglos que evidencias

El adagio tiene raíces en la City londinense del siglo XIX, cuando los financieros y aristócratas abandonaban la capital entre mayo y septiembre para sus cacerías y balnearios de verano, dejando los mercados con menor liquidez. Que ese patrón de comportamiento de otra época siga dictando decisiones de inversión en el siglo XXI dice más de nuestra tendencia a buscar patrones simples que de la realidad de los mercados modernos.

Algunos estudios académicos han documentado una diferencia estadística entre el rendimiento del período noviembre abril y el de mayo octubre en ciertos índices. Pero la evidencia es, como reconoce la propia literatura especializada, débil y no uniforme entre mercados ni entre décadas. Y lo que ningún estudio sostiene es que esa diferencia sea suficientemente consistente y predecible como para construir sobre ella una estrategia rentable una vez descontados los costes de oportunidad y transacción que erosionan el resultado final.

Si el mercado fuera predecible por el simple hecho de que llegue mayo, ya lo habría descontado. Esa es, precisamente, la paradoja que derrumba el adagio.

El coste de salir del mercado

Más allá del debate estadístico, la pregunta práctica es otra. ¿Qué paga realmente el inversor que decide vender en mayo y reincorporarse en octubre? El coste no se limita a las comisiones o a la fiscalidad de las plusvalías generadas. El más insidioso, y el menos cuantificado, es el de perderse los mejores días del mercado.

La rentabilidad bursátil a largo plazo no se distribuye de forma uniforme a lo largo del año. Los grandes movimientos alcistas se producen con frecuencia en momentos de pánico o de sorpresa positiva que nadie anticipa. El inversor que en mayo de 2020 hubiera seguido el consejo de salir se habría perdido una de las recuperaciones más rápidas y pronunciadas de la historia moderna. El que salió en mayo de 2013 habría abandonado un mercado que, contra todo pronóstico, continuó subiendo con fuerza durante el verano.

La historia reciente es un buen recordatorio de ello. En los últimos años, los mercados han mostrado una creciente sensibilidad a eventos impredecibles, desde decisiones de bancos centrales hasta tensiones geopolíticas, que no entienden de estacionalidad. De hecho, muchos de los movimientos más bruscos, tanto al alza como a la baja, se han producido fuera de los patrones tradicionales.

Salir del mercado incluso durante un puñado de sesiones extraordinarias puede destruir años de rentabilidad acumulada. Y nadie, ningún modelo ni almanaque de inversión, sabe cuándo ocurrirán esas sesiones.

El contexto actual introduce, además, variables estructurales que diluyen aún más la validez de reglas simplistas. La transición energética, la fragmentación geopolítica o el impacto de la inteligencia artificial sobre múltiples sectores están redefiniendo los ciclos de crecimiento y las dinámicas de mercado. En este escenario, reducir la inversión durante varios meses por una pauta histórica puede suponer quedarse al margen de tendencias de fondo.

En Tesys Activos Financieros SGIIC, nuestra filosofía de inversión parte de una premisa que consideramos irrenunciable. Invertimos en negocios, no en señales de mercado. Cuando adquirimos una participación en una compañía, nos comportamos como lo haría el propietario de un negocio. Nos preguntamos cuánto vale esa empresa, cuál es su capacidad de generar caja de forma recurrente, si sus ventajas competitivas son duraderas y si el equipo directivo asigna el capital con inteligencia y honestidad.

Desde esa perspectiva, la pregunta relevante no es si estamos en mayo, sino si la empresa cotiza a un precio que justifica su valor intrínseco y su potencial de crecimiento a largo plazo. Esas son las preguntas que guían nuestro análisis fundamental. Y esas preguntas no tienen respuesta estacional.

La volatilidad de corto plazo no es el enemigo del inversor de largo plazo. Es su aliada, porque le permite comprar excelentes negocios a precios que el ruido del mercado ha deprimido temporalmente.

Las compañías en las que invertimos, con altos retornos sobre el capital empleado, crecimiento predecible, escasa deuda y generación robusta de caja libre, no dejan de crear valor porque llegue junio. Sus directivos no toman peores decisiones porque el calendario marque agosto. Sus modelos de negocio no se deterioran por el hecho de que los mercados coticen con menor volumen en verano.

La trampa del ruido y la virtud de la paciencia

El inversor que sigue el adagio de mayo no está tomando una decisión basada en el análisis del valor de los negocios que posee. Está reaccionando al ruido, al miedo difuso, a la tendencia estacional, al consenso de corto plazo. Y ese consenso es, con frecuencia, el mayor enemigo de la rentabilidad a largo plazo.

En Tesys creemos que aislarse del ruido es una fuente genuina de ventaja competitiva. No porque dispongamos de información que otros no tienen, sino porque mantenemos la disciplina de no actuar cuando no hay razón de fondo para hacerlo. Vender una posición en una empresa excelente porque llegó mayo no es una razón de fondo. Es ruido disfrazado de sabiduría popular.

La inversión regular y disciplinada, incorporar ahorro de forma sistemática con independencia del momento del ciclo, es además una estrategia que la evidencia respalda de forma consistente. Quien invierte periódicamente no necesita acertar con el momento; el promedio del precio de compra a lo largo del tiempo hace el trabajo. Esa es una verdad mucho más robusta que cualquier calendario estacional.

¿Para qué sirven los aforismos de mercado?

Los aforismos de mercado cumplen una función psicológica. Dan la ilusión de orden y predictibilidad en un entorno que es, en su esencia, incierto. Sell in May ofrece al inversor ansioso la comodidad de creer que existe un manual de instrucciones, que hay un momento correcto para entrar y salir. Es tentador. Es humano. Pero invertir bien no consiste en encontrar el momento perfecto; consiste en encontrar los negocios suficientemente buenos a precios razonables, y tener la paciencia y la convicción para mantenerlos el tiempo necesario para que el valor se materialice. Ese proceso requiere análisis riguroso, independencia de criterio y tolerancia a la volatilidad de corto plazo. No requiere un almanaque.

En Tesys, el equipo gestor invierte su propio patrimonio en el mismo fondo que gestiona. No porque sea una exigencia regulatoria, sino porque creemos en lo que hacemos. Y lo que hacemos en mayo es exactamente lo mismo que en noviembre: buscar los mejores negocios del mundo a precios que el mercado, a veces por razones irracionales, nos ofrece con descuento.

El mejor momento para invertir en un gran negocio no lo dicta el mes del año. Lo dicta el precio al que cotiza.

Nuestra respuesta al adagio de cada primavera es, por tanto, la misma de siempre. Seguimos analizando, seguimos invirtiendo cuando encontramos valor, y seguimos confiando en que el tiempo, y no el calendario, es el mejor aliado del inversor que comprende lo que posee. Hold in May and let it pay.