Intermoney | Como esperábamos (y como estamos empezando a acostumbrarnos) el encuentro del Banco Central Europeo se saldó sin excesivas novedades. En un entorno tan volátil y una incertidumbre reinante, nuestro banco central es uno de los pocos ejemplos que se pueden apreciar de continuismo y de mantener una posición cómoda. Por unanimidad, se mantuvieron los tipos de referencia sin cambios, con la facilidad de depósito, las operaciones principales de refinanciación y la facilidad marginal de crédito en el 2%, el 2,15% y el 2,40%, respectivamente. Asu vez, tanto el comunicado del banco como Christine Lagarde volvían a reafirmar que los datos entrantes guiarán la toma de decisiones.
Con la actividad en la zona euro comportándose de forma resiliente y la inflación manteniéndose en torno al 2 %, hay muy pocas razones para cuestionar esa posición. Respecto a la economía, quizá estábamos ante el aspecto más positivo, ya que se ha recibido bien las cifras de PIB del 4tr25. Además, los balances sólidos del sector privado y el despliegue del gasto público en defensa e infraestructura de los países europeos son factores que se citaron como apoyo al crecimiento en este año. A su vez, en el mercado laboral, aunque la visión es un tanto más ambigua, sí se sigue considerando su posición como sólida, y en la rueda de prensa Lagarde destaca una mayor participación y un menor desempleo.
Mientras que en el frente de los precios tampoco hay variaciones que rompan los esquemas del Comité. En la rueda de prensa Lagarde recalcaba que los riesgos están ampliamente equilibrados, destacando que la inflación también está en una buena posición. La gala se mostró convencida de que la inflación se estabilizará en el 2% a medio plazo, y es que, aunque la cifra general cayó al 1,7% en la lectura preliminar enero, los indicadores de la inflación subyacente han variado poco por una inflación de servicios que aún resiste demasiado. De hecho, la mandataria restó importancia al descenso de la cifra general, con el fin de evitar alimentar las preocupaciones de que los precios caigan por debajo del objetivo.
Hasta aquí, poco se diferenciaba el encuentro de ayer de los pasados. Sin embargo, la particularidad de esta reunión estaba en la repreciación del euro frente al dólar, lo cual había despertado suspicacias (aunque no en exceso) sobre si el BCE estaría dispuesto a un último recorte de 25 p.b. en este año. A finales de enero el par EURUSD había rozado el 1,20 y en términos ponderados por el comercio, el euro es aproximadamente un 7% más fuerte frente al año pasado. Por eso, algunos funcionarios han señalado anteriormente que se puede monitorizar
estos movimientos no por el tipo de cambio en sí, sino porque la derivada de una menor inflación.
Estábamos atentos a cualquier indicio de mayor énfasis o debate más acalorado en torno al mercado de divisas, pero no se apreció nada sustancial. Asimismo, es donde Lagarde se ha expresado de una forma bastante menos clara, aunque con la intención de restar importancia a laapreciación del euro y reafirmando que no buscan un tipo de cambio específico. Pero quizá haya podido patinar al afirmar que un rol global más importante del euro no tiene por qué ir acompañado de una apreciación de la moneda.



