Si apuesta por tecnología, que sea de verdad disruptiva

Manuel Moreno Capa

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Con frecuencia se ha llamado “disruptiva” a casi cualquier tecnología, aunque no sean tantas las capaces de lograr esa disrupción: una “rotura o interrupción brusca”, según la Real Academia Española. En economía, la disrupción alude al momento en que esa ruptura en un sector provoca su radical renovación. Ahora, cuando buena parte de la tecnología (y de los fondos tecnológicos) están bajo presión bajista, sí es posible encontrar empresas tecnológicas auténticamente disruptivas y comprobar si están en la cartera de nuestros fondos.

Como sector típicamente “growth” (de crecimiento), las tecnológicas viven peor en tiempos de subidas de tipos y de incertidumbre económica e inflacionaria, periodos en los que se vuelve a las empresas más tradicionales, o “value” (de valor), capaces de mantener sus negocios –basados muchas veces en demandas inelásticas– e incluso de trasladar fácilmente al consumidor los incrementos inflacionarios de costes. Hasta aquí, una teoría que, una vez más, ha vuelto a funcionar: ya he comentado en esta columna que los gestores de fondos buscan ahora compañías de valor a precios rebajados, convencidos de que se comportarán mejor que las de crecimiento en momentos como los actuales, con la amenazante estanflación al acecho.

Tampoco sorprende que las tecnológicas (típicamente “growth”, aunque algunas tengan ya también sólidos negocios y flujos de caja) y los fondos especializados en ellas sufran por la pésima coyuntura económica y geopolítica actual. También es cierto que algunas de las grandes tecnológicas (como Microsoft, Alphabet o Apple) han sorprendido positivamente con sus resultados del segundo trimestre y, hasta cierto punto, siguen siendo disruptivas. Pero hay que fijarse más en tecnológicas que de verdad no sólo están siendo ya disruptivas, sino que lo serán aún más en el futuro inmediato y nos ayudarán, de un modo decisivo, a superar los tres grandes desafíos que ahora afronta el planeta.

¿Cuáles son esos desafíos? Pregunte a cualquier vecino o amigo y le dirá que las tres cosas que más le preocupan en estos momentos son la salud –aún estamos peleando con una pandemia letal y convencidos de que no será la última–, la guerra –con sus gravísimos efectos sobre millones de personas, y no sólo las bombardeadas por Putin– y la emergencia climática –que está arrasando nuestro país con enormes incendios y provocando catástrofes ambientales por doquier.

Para cualquiera de estos grandes problemas, las empresas tecnológicas más disruptivas serán una parte importante de la solución. En la salud, ya hemos visto el efecto de las vacunas de ARN mensajero, desarrolladas por empresas como Pfizer y Moderna, representantes de un sector llamado a crecer y a aportar nuevas soluciones para nuevas pandemias e incluso para plagas que nos azotaban desde antes de la covid. Toda la innovadora tecnología sanitaria (vacunas, pero también diagnosis, software médico, tele asistencia, etc.) es un sector absolutamente disruptivo que no debe faltar en una cartera de fondos.

Los otros dos grandes problemas, la guerra y el desastre climático, están absolutamente enlazados y animarán también diferentes tecnologías: las energías renovables y todas las relacionadas con el vehículo eléctrico (paneles, baterías, etc.) van a ganar una importancia creciente para reducir la dependencia de esos combustibles fósiles tan dañinos y, además, frecuentemente en manos de regímenes autocráticos e incluso criminales (y no sólo el de Putin) que tienen como rehenes a las economías del planeta. Aunque la guerra traigaahora, esperemos que sólo para un corto plazo, una resurrección del carbón y de las nucleares, la tendencia a medio y largo volverá a ser una creciente apuesta de las inversiones en energías limpias y, además, no sometidas a efectos geopolíticos indeseables.

Al margen del efecto sobre la lucha contra la emergencia climática, la guerra reaviva también el creciente interés por nuevas tecnologías de aplicación tanto militar como civil. Sin duda la inteligencia artificial es la más destacada, imprescindible en un futuro estratégico dominado no ya por la vieja artillería de la que Rusia abusa en Ucrania (en realidad porque no tiene otra cosa más letal a mano), sino por los sistemas inteligentes, desde los drones a las armas guiadas de precisión, sin olvidar todo lo relacionado con la ciberseguridad, otro sector tecnológico de gran futuro también en el ámbito civil y que no debe faltar en una cartera de fondos.

Guerra y cambio climático deben impulsar también otra tecnología de la que ya hablamos en el número 6 de la revista GESTORES, publicado en octubre del año pasado: la agricultura inteligente (que engloba técnicas revolucionarias como los cultivos de precisión, la acuicultura y la agricultura vertical) y las nuevas tecnologías alimentarias (la fermentación de precisión, la carne vegetal), sectores en los que ya hay varios fondos de inversión especializados. Ya vemos dónde nos ha llevado depender exclusivamente de producciones tradicionales masivas: no sólo al riesgo de sufrir recortes de suministros externos en caso de conflicto, sino también a ver arder nuestros campos, abandonados por sectores agrícolas tradicionales que deberíamos haber modernizado hace tiempo y que deberían tener un renacer de impulso tecnológico: ¿para cuándo, por ejemplo, un gran plan de inversiones, europeo pero también mundial, para aprovechar esa desmesurada cantidad de biomasa que, en vez de alimentar incendios inextinguibles de sexta generación, podría estar inyectando una enorme cantidad de energía al sistema eléctrico, al tiempo que se sanearían los bosques? Tengo amigos con potentes y modernas calderas alimentadas con madera, sobrante y despreciada en su entorno, a quienes no les preocupa el gas de Putin y que, además, luchan contra los incendios antes de que se produzcan.

Disrupción tecnológica total. Es lo que el planeta necesita para afrontar las guerras, las pandemias y la emergencia climática. Busque fondos tecnológicos que apuesten por ella.