Payden & Rygel | Los datos publicados la semana pasada muestran que el déficit comercial nominal de bienes de Estados Unidos se amplió hasta los 1,2 billones de dólares en 2025, el nivel más elevado desde 1960. Todo ello pese al mayor endurecimiento arancelario en décadas, cuyo objetivo explícito era reducir esa brecha.
¿Cómo se explica esta contradicción?
La respuesta está en la reorganización de las cadenas de suministro. Los importadores aprovecharon las diferencias en los tipos arancelarios entre países, desplazando compras desde economías con gravámenes más elevados, como China o Canadá, hacia otras con aranceles medios más bajos. Tras el aumento del tipo arancelario efectivo sobre China hasta el 40%, las importaciones estadounidenses de bienes procedentes de ese país cayeron un 30% en 2025 respecto a 2024.
En paralelo, países como Suiza, Vietnam y Taiwán registraron los mayores incrementos en su cuota dentro de las importaciones estadounidenses, reflejando una clara reasignación de flujos comerciales.
Como consecuencia, aunque en abril de 2025 se estimaba que el tipo arancelario medio rondaría el 30%, el tipo efectivo real una vez incorporados los cambios en la cadena de suministro y las negociaciones bilaterales en curso se situaba en torno al 10% en noviembre de 2025.
En definitiva, el comercio mundial demostró ser mucho más resiliente de lo que inicialmente anticipaban los inversores. Lejos de provocar una contracción estructural, la política arancelaria derivó en una diversificación de los flujos comerciales que, paradójicamente, podría haber reforzado la resiliencia de las cadenas de suministro ante futuras crisis.



