Alexis Bienvenu (LFDE) | El átomo explota: el índice formado por los valores ligados a la energía nuclear, el MarketVector Global Uranium and Nuclear Energy Infrastructure, registra un avance interanual del 123 % en dólares y del doble durante los últimos tres años[1].
Y es que el mundo está ávido de energía, especialmente desde que la inteligencia artificial consume ingentes cantidades de gigavatios-hora y encarece de forma insostenible el precio de la electricidad al otro lado del Atlántico. Sin embargo, la energía nuclear permite alimentar eficazmente los servidores: está descarbonizada, es controlable, es previsible y está al margen de las vicisitudes geopolíticas de los países petroleros. Esa es la razón por la cual la capacidad nuclear mundial va a triplicarse de aquí a 2050, impulsada por el compromiso asumido por una treintena de estados en 2023.
No obstante, este renacimiento se enfrenta a retos de gran magnitud: unos plazos de construcción que se cifran en décadas, a menudo agravados por retrasos desproporcionados, unas inversiones colosales, así como riesgos industriales, normativos y reputacionales. A ello se suman la escasez de mano de obra cualificada y la extremada sensibilidad de la opinión pública. Una vez puestas en servicio, las instalaciones todavía deben enfrentarse al fantasma de los accidentes, con consecuencias que a menudo se prolongan durante generaciones, a la amenaza de la piratería informática, al coste del desmantelamiento y a una espinosa cuestión que el mundo todavía no ha resuelto: el almacenamiento final de los residuos radioactivos.
Para dar una respuesta, la industria está reorganizándose con el apoyo de los poderes públicos, lo que abre la puerta a oportunidades históricas. En julio de 2024, antes del retorno de Trump, EE. UU. aprobó la ley ADVANCE (Accelerating Deployment of Versatile, Advanced Nuclear for Clean Energy), que facilita el despliegue de reactores de nueva generación, así como unidades compactas y modulares, los denominados SMR (Small Modular Reactors). Estos últimos son más fáciles de construir por parte de los gigantes de la IA en su búsqueda desesperara de energía rápidamente disponible.
Europa ha experimentado una revolución similar: en 2022, la energía nuclear quedó enclavada dentro de las inversiones «verdes» en el sentido de la taxonomía europea. Este giro quedó patente en el pragmatismo de Berlín, que, aunque rechazó producir energía nuclear en su suelo, dejó de oponerse a ello a escala comunitaria a cambio de concesiones en su consumo de gas natural.
Asia no se queda atrás. En la India, una ley de 2025 abre por primera vez la energía del átomo a los capitales privados, incluso extranjeros. China, que está a punto de convertirse en el líder mundial en generación nuclear, acaba de promulgar una ley para proteger nuevas inversiones faraónicas en el átomo, lo que le permite aspirar oficialmente a la neutralidad en emisiones de carbono en 2060 y, muy oportunamente, alimentar sus centros de datos. Están surgiendo iniciativas en la misma dirección en Corea y hasta en Japón, donde, no obstante, la energía nuclear revive los dolorosos recuerdos de Fukushima.
El sector privado está apoyando este movimiento. Microsoft ha firmado un acuerdo para reactivar un símbolo: la central de Three Mile Island, cerrada en 2019 y escenario de un accidente histórico en 1979. Meta también se ha comprometido a prorrogar durante 20 años la vida útil de una central, mientras que Google, Oracle y OpenAI apuestan por proyectos de tipo SMR.
Este interés no ahoga necesariamente las energías renovables, salvo quizá de forma momentánea en EEUU, pero en ningún caso en China. Más rápidas de instalar, más baratas y con menores riesgos, estas fuentes de energía ofrecen ventajas evidentes, pero siguen siendo difíciles de gestionar. Sin embargo, en la carrera por el voltio todas las soluciones son bienvenidas.
Ante estas perspectivas vertiginosas, el mercado está exultante. El índice mencionado anteriormente registra una valoración muy elevada: más de 50 veces los beneficios previstos en 2026 según Bloomberg (¡y 127 veces los beneficios actuales!). ¿Exuberancia irracional? Todo dependerá de la trayectoria de la IA. Si la sed de electricidad se confirma, la energía nuclear emergerá como gran vencedora de esta alocada carrera. En una pista de carreras no pueden ganar todos los competidores, pero el que suministre la energía tiene la victoria asegurada.



