El umbral para que el BCE cambie su postura monetaria sigue muy alto

Frederik Ducrozet, director análisis macro económico de Pictet WM

Frederik Ducrozet (Pictet WM) | Que no quepa duda, el BCE sigue firmemente en pausa.

Los tipos de interés se mantienen sin cambios, siendo la decisión unánime. Su presidenta Lagarde ha concluido que los riesgos para las perspectivas económicas son en general equilibrados, aunque la situación es algo menos cómoda.

Pero, en la rueda de prensa, por lo demás aburrida, hay un par pequeños cambios que indican creciente malestar en el BCE respecto a un euro más fuerte: La declaración indica «un euro más fuerte que el último año» como riesgo para la actividad económica, además de los aranceles. El BCE señala que un euro más fuerte puede reducir la inflación «más allá de las expectativas actuales», en comparación con «más de lo esperado» en diciembre.

Lagarde ha dedicado mucho tiempo a las interacciones de apreciación de la moneda con la actividad económica y la inflación, así como las implicaciones financieras de un «euro global». Ha intentado restar importancia a los recientes movimientos de tipo de cambio, señalando que el euro se revaloriza desde marzo del año pasado, pero confirmó que se han discutido y que el BCE «vigila de cerca» los mercados de divisas.

Normalmente el BCE responde que no apunta al tipo de cambio, pero el mensaje hoy es que una mayor apreciación de la moneda nos acercaría más al umbral de dolor.

Dicho esto, en la medida en que la apreciación del EUR es resultado de la diversificación de los inversores fuera de EE. UU., es decir de la depreciación dólar, como de mejores perspectivas para la euro zona el BCE puede hacer poco al respecto. Es la típica situación en que es poco probable que una bajada de tipos de interés solucione el problema. Además, hay razones para estimar que la repercusión del tipo de cambio en actividad y la inflación han disminuido gradualmente a lo largo de la última década. En un discurso reciente, el gobernador Philip Lane asocia «una apreciación del 10 % del euro a lo largo de varios años con una desinflación de hasta 0,6 % tras aproximadamente un año y una inflación notablemente baja tres años» Con esa elasticidad, una apreciación del 5 % del euro ponderado por comercio desde marzo pasado puede reducir la inflación en 0,3 %. Así que una apreciación de aproximadamente 1% desde la reunión del BCE en diciembre solo añadiría un impacto des inflacionario de 0,05 %.

Lagarde ha indicado que los responsables políticos de la eurozona deben centrarse más bien en futuras reformas estructurales para potenciar la integración económica y financiera. Si la UE logra poner en marcha al menos parte de la ambiciosa agenda, incluyendo la Unión del Mercados de Capitales, una moneda más fuerte puede ser el precio para pagar por el éxito, es decir, lo menos preocupante.

Mientras los últimos datos de inflación de enero introducen cierto riesgo a la baja a corto plazo. La subyacente bajan al 2,2 % frente a la previsión del BCE de 2,4 % para el primer trimestre.

Con todo seguimos esperando que el BCE permanezca en pausa en 2026. El umbral para que el BCE cambie su postura monetaria sigue muy alto.