Pablo Duarte (Flossbach von Storch Research Institute ) | Mientras la economía española sobresalió en 2025, la economía alemana siguió decepcionando. El producto interno bruto (PIB) real español creció 2,6 por ciento, mientras que el alemán avanzó un mediocre 0,4 por ciento. Esta divergencia se observa claramente desde la pandemia. Aunque en 2020 el PIB español se contrajo mucho más que el alemán, hoy el PIB español es 11 por ciento mayor que en 2019, mientras que el alemán se mantiene prácticamente en el mismo nivel. La brecha no solo es coyuntural, sino persistente.
A primera vista, podría parecer la convergencia que prometía la unión monetaria. Desde 2020, los niveles de vida en España y Alemania, medidos como el PIB por persona, se han acercado. Sin embargo, en términos absolutos siguen más alejados que antes de la introducción del euro. Además, la convergencia no se explica porque España esté alcanzando rápidamente a Alemania, sino porque Alemania atraviesa una crisis: el PIB real por persona cae desde 2022. No es un milagro de productividad español, sino el reflejo de un estancamiento alemán.
En últimas, el crecimiento económico de largo plazo proviene del uso cada vez más eficiente de los factores de producción. El fuerte crecimiento de Estados Unidos en los últimos años se explica por el aumento de la productividad laboral. Comparado con 2012, la productividad laboral – la producción promedio por hora trabajada – aumentó allí 19 por ciento. En España y Alemania solo aumentó 8 por ciento. Por tanto, el mayor crecimiento español frente al alemán no se debe a un mayor dinamismo productivo.
Si la productividad no marca la diferencia, la explicación está en el número de trabajadores. El empleo ha aumentado 11 por ciento en España desde finales de 2019, frente a apenas 1 por ciento en Alemania. Esto equivale a 2,3 millones más de trabajadores en España frente a unos 500.000 en Alemania. El crecimiento español ha sido extensivo: más personas trabajando, no necesariamente trabajando de forma más eficiente. Parte de esta dinámica se explica porque el desempleo en España era mayor en 2019. Mientras en España la tasa de empleo se situaba en 85 por ciento a finales de ese año, en Alemania prácticamente había pleno empleo. Con la recuperación económica, España contaba con un mayor margen de incorporación de desempleados al mercado laboral.
También ha influido la migración. Ambos países registraron desde finales de 2019 una entrada similar de migrantes en edad laboral —1,54 millones en España y 1,46 millones en Alemania—. Sin embargo, la proporción de empleados dentro de la población extranjera descendió ligeramente en Alemania, mientras que en España aumentó. La migración ha contribuido más al crecimiento del empleo en España que en Alemania. La razón probablemente radica en las diferencias en política migratoria y social. En Alemania, para poder trabajar se requiere normalmente un permiso de residencia y de trabajo. En España, el trabajo en el sector informal sin permiso suele tolerarse con mayor frecuencia. Además, los procedimientos administrativos en Alemania pueden prolongarse durante meses o años, y las ayudas sociales son más generosas. En España, desde 2025 se ofrece la posibilidad de obtener un permiso tras dos años de residencia si no se ha solicitado asilo ni se ha recibido ayudas, lo que genera incentivos más fuertes para integrarse rápidamente en el mercado laboral.
Otro factor relevante son las transferencias procedentes de la Unión Europea. Antes de la pandemia, ascendían aproximadamente al 1 por ciento del PIB en España, frente al 0,3-0,4 por ciento en Alemania. Con los programas SURE y NextGenerationEU, los pagos a España aumentaron considerablemente, alcanzando en 2024 el 2 por ciento del PIB, mientras que Alemania recibió en torno al 0,6 por ciento. Estos programas están orientados principalmente a financiar inversión. En 2021, la inversión contribuyó decisivamente a la recuperación del PIB español. En 2024 y 2025 fue el segundo factor más importante tras el consumo privado. Es razonable suponer que parte de esta inversión fue posible gracias a las transferencias europeas. En Alemania, por el contrario, la contribución de la inversión al crecimiento fue negativa en 2023 y 2024.
Sin embargo, el diagnóstico fundamental no cambia. Comparado con 2012, la productividad por trabajador en España y Alemania apenas ha aumentado alrededor de tres por ciento, pese al progreso tecnológico de los últimos quince años, incluida la inteligencia artificial. El mayor crecimiento español no se basa en un trabajo más productivo, sino en un mayor número de trabajadores. Sin aumentos claros de eficiencia y productividad, el rápido crecimiento español difícilmente podrá sostenerse. Los inversores que apuestan por un crecimiento sólido en Europa tendrán que seguir esperando reformas estructurales tanto en España como en Alemania.



