Tres retos clave para el rating de Portugal tras la victoria socialista en presidenciales: deuda pública, productividad y competitividad exterior

Carlo Capuano, subdirector de calificaciones de sector público y soberano de Scope Ratings

Carlo Capuano (Scope Ratings) | La elección del nuevo presidente de la República Portuguesa (A/Positiva), el socialista António José Seguro, aporta estabilidad al Gobierno y previsiblemente dará lugar a una convivencia moderada con el primer ministro, Luís Montenegro, y su Ejecutivo minoritario de centroderecha. No obstante, el elevado número de votos obtenido por André Ventura, líder del partido opositor Chega, pone de relieve la fragmentación política existente en el país.   

Pese a la cooperación esperada entre el nuevo presidente, Seguro, y Luís Montenegro, su Gobierno seguirá afrontando tres grandes retos clave para la calificación crediticia soberana:   

  • La deuda pública sigue siendo elevada, aunque en fuerte descenso 

Incluso tras una notable caída desde el 134,1 % del PIB en 2020 hasta el 93,6 % en 2024, la carga de la deuda pública de Portugal continúa siendo alta en comparación con sus homólogos, lo que limita la flexibilidad fiscal y deja al país expuesto a perturbaciones económicas. El aumento de los costes asociados al envejecimiento (especialmente las pensiones, que se prevé que pasen del 12,2 % del PIB en 2022 al 13,5 % en 2030) genera presiones fiscales adicionales a medio y largo plazo. La continuidad de las políticas es clave para mantener superávits primarios y favorecer una mayor reducción de la deuda.   

  • Potencial de crecimiento moderado debido a restricciones estructurales 

Las perspectivas de crecimiento a largo plazo de Portugal están limitadas por debilidades estructurales, en particular el envejecimiento de la población y la baja tasa de natalidad, que reducen el crecimiento de la fuerza laboral. Los modestos avances en productividad también se ven frenados por desajustes en las competencias y unos resultados educativos medios. Estos factores restringen el crecimiento potencial, a pesar del sólido comportamiento cíclico reciente de la economía.   

  • Alta vulnerabilidad frente a problemas externos 

A pesar de las mejoras en la balanza por cuenta corriente y en la competitividad exterior, Portugal necesita reformas que impulsen la productividad y mayores esfuerzos de diversificación económica, dada la persistencia de ciertas vulnerabilidades

Además, la deuda externa neta y la posición de inversión internacional neta negativa (–58 % del PIB a cierre del segundo trimestre de 2025) siguen siendo elevadas. 

Por su parte, la pequeña y abierta economía portuguesa depende en gran medida del turismo y de la demanda de la UE, lo que incrementa su exposición a desaceleraciones regionales y globales. La dependencia del capital extranjero amplifica la sensibilidad ante cambios en el sentimiento de los inversores.