Irán: entre el conflicto de corta duración y la escalada

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Pedro del Pozo (Mutualidad ) | El comienzo de la cuarta semana de guerra en Oriente Medio incorpora novedades tácticas que pueden tener efectos sobre la campaña militar en general y sobre los mercados en particular.
Por un lado, la fase de «superioridad aérea» y ataque a blancos e infraestructuras militares de Irán está esencialmente superada. Se siguen tratando de localizar las lanzaderas de misiles iraníes operativas y se realizan ataques sobre centros de producción de misiles y drones, pero es de esperar que la intensidad de estos ataques tienda a reducirse, por falta de blancos y desgaste de las fuerzas convencionales de Irán.

Finalmente, Ormuz permanece esencialmente cerrado, lo que se traduce en presión sobre los mercados de energía en particular y mercados de activos en general.

En términos de análisis militar, lo venimos señalando desde antes del inicio del conflicto: el escenario más probable es el de una guerra de duración limitada, de aproximadamente cuatro o cinco semanas, en línea con los medios que Estados Unidos ha desplegado en la zona.

Esto no implica descartar un conflicto de mayor duración. Puede producirse una intensificación o un enquistamiento del mismo. Sin embargo, la realidad es que tanto la presencia de fuerzas estadounidenses en la región como ciertos condicionantes adicionales —especialmente el movimiento observado en los bonos estadounidenses, que actúa como un mecanismo de “check and balance”, junto con la cercanía de las elecciones en EE. UU. a finales de año— nos llevan a pensar que Estados Unidos, lejos de favorecer un conflicto prolongado, estaría más dispuesto a asumir uno de menor duración. Con todo, advierte el experto que «estamos viendo un momento de mercados de extrema incertidumbre en relación a todo lo que está pasando en Irán»
Probablemente no sea ese el caso de Israel, pero sí parece serlo en el de la administración Trump.

También Irán está viendo mermadas sus existencias de misiles balísticos y drones. El primer día de combates fueron utilizados 800 drones y 350 misiles balísticos contra objetivos en Israel y otros países del Golfo. El día 21 de marzo la cifra había descendido a 65 drones y 25 misiles. Pero no olvidemos que el arma esencial de Irán es el espacio y el tiempo: un conflicto largo es algo que no puede permitirse EEUU. Un país grande es un objetivo difícil de batir, si no es con una campaña por tierra a gran escala, algo descartable en estos momentos (llevaría meses trasladar a la zona los carros de combate, artillería de campaña, helicópteros, tropas y logística adecuada para llevar a cabo una operación así).

Los ataques y contraataques a centros de producción de energía suponen una escalada muy negativa para el mercado financiero. Si bien el cierre de Ormuz puede constituir (en caso de conflicto corto) un problema logístico concreto, «solucionable» en un periodo de tiempo razonable, la puesta fuera de servicio durante meses o años de una parte relevante de la producción de crudo y gas puede tener efectos mucho más intensos sobre la inflación. Inflación, además, de «oferta», más compleja que la originada por la «demanda», sobre los tipos de interés y, en definitiva, sobre el crecimiento.

En relación con Ormuz, cabe decir que al grupo anfibio de «Marines» encabezado por el LHA «Tripoli», ya en el teatro de operaciones, se va a unir en unos días (una semana, aproximadamente) otra unidad expedicionaria de Marines encabezada por el LHD «Boxer» y su grupo de combate. Cada una de esta «MEU» (Marine Expeditionary Unit) está conformada por una entidad tipo Grupo Táctico (batallón reforzado) con un fuerte componente de apoyo logístico, aéreo (helicópteros de transporte y ataque, aviones de combate F-35B para apoyo de fuego) y medios antiacceso y de denegación de área (A2/AD), esencialmente misiles antiaéreos y antibuque, artillería de campaña (de tubo y cohetes) de largo alcance, medios electrónicos, etc.

Estas unidades son absolutamente insuficientes para realizar una campaña terrestre a gran escala contra Irán, pero pueden estar destinadas para ocupar, durante tiempo limitado, puntos estratégicos en la costa de Ormuz o islas del Estrecho, como Jark, que contribuyan a tratar de abrir la navegación por esas aguas.

Conviene decir que estas acciones militares serían operaciones de muy alto riesgo, de manera análoga a la campaña de los Dardanelos de 1915, durante la Primer Guerra Mundial. Una resistencia flexible por parte de Irán (no tratar de oponerse a un ataque así «con fuerza» sino con desgaste y tiempo) puede reducir este asalto y ocupación a una medida meramente transitoria, que dure tan solo el tiempo que las tropas ocupen el terreno. Conviene señalar que una MEU no está pensada para ocupar un territorio por tiempo ilimitado y tampoco puede garantizar al 100% la apertura del tráfico marítimo, ante la acción de drones, misiles antibuque o minas iraníes. Eso, sin contar que el tiempo que dure esta ocupación sería un foco de tensión importante para unos mercados que empiezan a temer una mayor implicación estadounidense en el conflicto.

En conclusión, tenemos que mientras Israel se encuentra cómodo con una campaña larga, que neutralice el poder de Irán y su reconstrucción el mayor tiempo posible (Israel no recibe petróleo del Golfo y es autosuficiente en gas), los EEUU deben poner el máximo esfuerzo en un fin rápido del conflicto que permita en esencia tres puntos: reabrir Ormuz con seguridad, evitar la destrucción de centros de producción de gas y petróleo en los países de la zona y evitar una crisis mundial como resultado de una inflación de oferta estructural, que derive en estanflación o recesión.
Por lo tanto, los próximos días son esenciales para determinar la evolución del conflicto y las medidas que la administración estadounidense tome al respecto. Una posible salida razonable sería un acuerdo de cese el fuego y la posterior constitución de una fuerza de control naval internacional (excluyendo muy probablemente navíos estadounidenses) sobre el Estrecho, que garanticen la navegación. Parece que se abre alguna posibilidad en ese sentido, con aportación de navíos europeos y de otras naciones, como Japón. Una salida unilateral de EE.UU. es también posible, aunque muy probablemente crearía un vacío de poder en la zona que podría ser cubierto por China, un país muy interesado en que el tráfico de Ormuz se reabra lo antes posible.

En el caso de que la lucha se enquiste, será necesario, en breve plazo, no solo un refuerzo sino también un relevo progresivo de las fuerzas estadounidenses en la zona. Caso de ocurrir esto, los mercados financieros pasarían muy probablemente, de la corrección en la que se encuentran ahora a un ciclo negativo, de la mano de unas expectativas de inflación que se traduzcan en mayores tipos y menor crecimiento. Es decir, en un escenario, esperemos que no sea así, de posible estanflación.