El riesgo de una reacción exagerada de los bancos centrales ante la crisis energética

Axel Botte, estratega jefe de mercados para Ostrum AM, affiliada de Natixis IM

Axel Botte (Ostrum AMNatixis IM) | Los mercados parecen estar poniendo a prueba la determinación de los bancos centrales para frenar la inflación derivada de la crisis del petróleo. El fantasma de 2022 se cierne sobre nosotros, pero también se están expresando temores de que se repitan los errores cometidos en 2011.

Los ataques iraníes contra las instalaciones de producción de GNL en Catar han eliminado el 17 % de la producción mundial. Los daños son considerables y la reconstrucción podría llevar entre tres y cinco años. Las esperanzas de eludir el estrecho de Ormuz pasando por Arabia Saudí, Irak y Turquía se hanfrustrado por estos ataques selectivos. Aunque varios países han ofrecido garantías de seguridad para el estrecho, las tensiones siguen siendo elevadas. Los bancos centrales están expresando una preocupación cada vez mayor por los riesgos inflacionistas, y las previsiones revisadas sobre los tipos de interés oficiales están lastrando los activos de riesgo. El dólar se aprecia con cada recrudecimiento de las tensiones.

La semana pasada estuvo marcada por las reuniones de los bancos centrales. La Fed mantuvo sus tipos de interés, alegando riesgos de subida de la inflación (prevista en un 2,7 % para finales de 2026), e incluso revisó al alza sus previsiones de crecimiento a pesar de la fragilidad del mercado laboral. Sin embargo, la economía estadounidense está menos expuesta a esta crisis debido a su superávit energético. Se espera que el FOMC se mantenga firme durante varios meses antes de reanudar la flexibilización monetaria.

En la zona del euro, el BCE reconoció el riesgo inflacionista respondiendo al aumento de los puntos de equilibrio de la inflación. Algunos responsables políticos han sugerido un endurecimiento ya en abril, pero la situación actual difiere significativamente de la de 2022, cuando una combinación de políticas expansionistas, la demanda acumulada de los consumidores tras la COVID y múltiples perturbaciones crearon un cóctel inflacionista explosivo. El BCE debe evitar reaccionar de forma exagerada. El recuerdo de 2011 también persigue a los mercados: dos subidas de tipos en respuesta al aumento de los precios del petróleo provocaron una caída del mercado de bonos. Aunque hoy en día no hay una crisis bancaria, sigue existiendo la posibilidad de que se cometan errores de política monetaria.

El Banco de Inglaterra votó por unanimidad mantener los tipos, abandonando así la orientación acomodaticia que había mantenido durante meses. Los mercados han descartado dos recortes de tipos y ahora prevén tres subidas en 2026. La importante proporción de deuda a tipo variable en la economía británica podría provocar una desaceleración prematura de la actividad. Por lo tanto, son comprensibles los esfuerzos de Andrew Bailey por moderar las expectativas de endurecimiento monetario.

El Banco de Canadá, tras las débiles cifras de empleo, parece encontrarse entre los más moderados, junto con el Riksbank, dada la baja inflación en Suecia. Por el contrario, el Banco de la Reserva de Australia (RBA) se reafirma en su ciclo de subidas de tipos iniciado en febrero y continuado en marzo. La postura del Banco de Japón sigue siendo enigmática, pero los votos de los miembros del comité apuntan a una tendencia restrictiva para abril.

En medio de esta crisis energética, los mercados de renta variable registraron una fuerte caída hacia finales de semana. El mercado parece estar poniendo a prueba el compromiso de los bancos centrales para frenar las presiones sobre los precios. Las subidas de tipos previstas se están traduciendo en mayores rendimientos a largo plazo, lo que provoca un notable aplanamiento de las curvas de rendimiento. El bono del Tesoro estadounidense se encamina hacia el 4,40 %, el Bund ha superado la barrera del 3 % y el Gilt lucha por estabilizarse en torno al 5 %. En medio de la tormenta, el bono alemán a 30 años se mantuvo estable durante la semana en el 3,53 %. Los diferenciales soberanos vuelven a estar bajo presión. El BTP se ve especialmente afectado, probablemente debido a su mayor dependencia del gas natural. Los diferenciales de crédito se están ampliando moderadamente, reaccionando con menos severidad que la renta variable o la volatilidad.