Usamos cookies propias y de terceros para mejorar servicios y mostrarle publicidad de su preferencia mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Miércoles, 08 de abril de 2020

Pulse en el valor para ver ratios >

Publicado en GESTORES Viernes, 21 de febrero de 2020 08:00

Cómo acostumbrarse a la invasión de los cisnes negros

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | En los primeros compases de 2020, los mercados han sido capaces de digerir sin grandes indigestiones dos cisnes negros, ya saben, ese fenómeno inesperado que, de vez en cuando, sale del huevo. El primero fue más bien un pollito, la mini crisis petrolera desatada por el asesinato de un líder iraní; el segundo es un ave de gran porte y que aún colea, ese coronavirus que no ha impedido a las Bolsas seguir anotándose máximos. ¿Cuáles serán los próximos pajarracos de mal agüero? Por lo menos dos: el que se resiste a dejar de anidar en la Casa Blanca y el que se empeña en seguir graznando mentiras sobre el Brexit.

 

Considerar cisnes negros a dos pájaros tan conocidos y analizados como Donald Trump y Boris Johnson parece un chiste. Pero lo cierto es que, precisamente por ser tan previsibles, hay algo seguro: no dejarán de poner huevos podridos que acaben rompiéndose sobre la economía y los mercados.

 

Con su campaña electoral recalentándose (porque Trump lleva en campaña desde que ganó por los pelos la presidencia), pero con la economía norteamericana enfriándose, el okupa de la Casa Blanca seguirá vomitando mentiras a todo ritmo, vendiendo como victorias sus retiradas (ya ven en qué han quedado sus bravuconadas contra China), afirmando que Estados Unidos está mejor que nunca, etc., etc.

 

El caso es que los mercados, atentos más bien a las variables empresariales, parece que se lo consienten todo porque, además –y vamos a decirlo claramente– les encanta la fiscalidad a la medida de las clases altas impulsada por Trump (lo único que realmente ha hecho ha sido beneficiar a sus colegas de torres doradas) y les asusta más que el coronavirus que candidatos demócratas con la etiqueta de “socialistas” sueñen siquiera con llegar a la presidencia. Otras cosa será que el todopoderoso (para los mercados) Mike Bloomberg tome la delantera en la, hasta ahora, dispersa candidatura demócrata.

 

En cualquier caso, con los índices americanos en máximos históricos, la volatilidad está asegurada en este año electoral.

 

Situación muy diferente es la de los mercados británicos. Cierto que la City sigue siendo una máquina de mover dinero, pero lo duro del Brexit comienza ahora, por más que Johnson continue, como su coleguilla del otro lado del charco, soltando una mentira tras otra. Una de las más gordas es que esto va estar resuelto en un año, cuando es imposible cerrar todos los acuerdos comerciales con Bruselas en doce meses, y menos aún con el resto del mundo, ya que si rompiera de golpe con la Unión Europea, Londres tendría que renegociar con todos los países extracomunitarios que mantienen acuerdos con Europa; otra trola es decir que no aceptará cosas que ya ha firmado con Bruselas; otra es pretender que Escocia e Irlanda del Norte traguen con todo sin inmutarse. Pero quizás la más gorda sea pretender gobernar con un gabinete de pelotas de segunda fila, después de que el bueno de Boris haya cortado la cabeza a cinco ministros de peso, entre ellos el de Economía, Sajid Javid, y el de Irlanda del Norte, Julian Smith.

 

La gran mentira de fondo es la velada amenaza de convertir el Reino des-Unido en una gigantesco Luxemburgo, un mega paraíso fiscal más grande de lo que ya es, para forzar con ello las negociaciones con Europa. Pero en ese punto hay que confiar en los serios y competentes negociadores europeos. La Unión Europea ya tiene bastantes pequeños paraísos dentro (el propio Luxemburgo, Irlanda, Holanda…) como para aceptar otro enorme a la otra orilla del Canal. Cualquier intento británico por hacer dumping fiscal y atraer empresas sería fácilmente compensado con una herramienta igual de radical: aranceles sobre los productos británicos que sirvan de contrapeso a esa fiscalidad tramposa.

 

El resultado de este nuevo cóctel de mentiras será el mismo: más volatilidad no sólo sobre la ya muy castigada libra, sino también sobre todos los mercados europeos.

 

Los índices han sido capaces, hasta ahora, de surfear sobre el coronavirus, en la esperanza de que este cisne negro acabe feneciendo, pese a las heridas que sin duda dejará sobre la economía y a los absurdos efectos provocados por un pánico irracional que se difunde más rápido que el propio virus (¿se suspenderá el Salón del Automóvil de Ginebra, previsto del 5 al 15 de marzo, igual que se ha suspendido el Mobile de Barcelona? ¿Cerraremos también el puerto y el aeropuerto de la Ciudad Condal a los turistas asiáticos? ¿Alzaremos un muro sanitario en torno al madrileño barrio de Usera?).

 

Al inversor no le queda más que acostumbrarse: los cisnes negros van a ser cada vez más frecuentes, por lo que pronto no tendrá sentido llamarlos así, para considerarlos, todo lo más, patitos feos. Y no dejarán de generar volatilidad. ¿Las mejores herramientas para combatirlos con una cartera de fondos? Las de siempre: diversificación y visión de medio y largo plazo. Y una nueva: no presten atención a las estupideces sin rigor divulgadas por las redes anti-sociales y así evitarán que su dinero caiga también en la red y en sus múltiples virus.