Usamos cookies propias y de terceros para mejorar servicios y mostrarle publicidad de su preferencia mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Jueves, 14 de diciembre de 2017
Publicado en OPINION Lunes, 02 de octubre de 2017 12:54

¿Se desangra España?

Fernando G. Urbaneja | La pregunta la hacía esta mañana un diario británico y es pertinente. Lo ocurrido estos días en Cataluña coloca a España, un socio de la Unión, en la zona de riesgo de país fallido. Lo sustancial de lo que viene ocurriendo en Cataluña es la conculcación del orden constitucional y el estado de derecho, aunque lo que destacan los medios es la actuación de la policía que intentó el domingo cumplir con las órdenes emanadas de un mandato judicial.

No lo logró, la policía española quedó desbordada, despreciada y derrotada, mientras la policía local y regional se limitaba a dejar hacer. La movilización popular quiso sustentar un simulacro de referéndum sin ninguna garantía que transgrede los principios democráticos de la Unión Europa. Ese es el tema central insuficiente percibido. Detrás del independentismo hay populismo antieuropeo, supremacismo étnico y pretensiones revolucionarias.

 

El estado de derecho español sale maltrecho por el independentismo catalán que ha adoptado una vía de hecho consumados, sin respecto al marco constitucional para conseguir sus objetivos. Pretender que su gesta asombrará a Europa cuando va en contra de todo el andamiaje de la construcción europea es, cuando menos, atrevido.

 

El consenso constitucional de 1978 está a punto de quebrar, es curioso que la mayor lealtad a esa Constitucional provenga de la derecha que aceptó la carta magna con reservas, frente a las vacilaciones socialistas que fueron padre o madre de esa Constitución. Incluso los comunistas y nacionalista catalanes la apoyaron sin fisuras aunque cada día esté más claro que los catalanistas lo hicieron por razones tácticas, con reservas (paciencia ahora y luego independencia, decían por bajinis) para ser desleales cuando el momento fuera propicio; lo cual tampoco es una novedad histórica, pasó antes.

 

La soledad, y la impericia de Rajoy y del PP, dejan la Constitución al pairo y, por tanto, amenazan a los españoles de desgarro y fracaso colectivo. Las instituciones, el poder judicial, la policía e incluso el ejército, están al borde del desahucio por incapacidad.

 

La movilización social de los catalanes agrupa intereses muy diversos que van desde la revolución contra el sistema hasta el populismo nacionalista más arcaico, una mezcla de derecha tradicional y de izquierda revolucionaria que tiene pocos precedentes. Para entenderlo hay que profundizar en la historia de España y en sus viejos fantasmas, desde el carlismo al anarquismo, hay que releer a Orwell que conoció en carne propia las pulsiones catalanas y a Azaña, el presidente de la fallida II República española que denunció en sus últimos escritos que las traiciones internas a la República fueron decisivas para la victoria de Franco. También el desinterés y abandono de los vecinos europeos no totalitarios.

 

La constitución del 78 enterró esos los fantasmas, como la Constitución alamana de 1949 abrió una nueva etapa de patriotismo constitucional, de libertades, solidaridad y democracia. En España ese patriotismo está a punto de desangrarse.  

Aviso:  Acceda al contenido completo de Consenso del Mercado sumándose a nuestra Zona premium.