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Lunes, 21 de octubre de 2019

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Publicado en GESTORES Martes, 08 de octubre de 2019 17:00

Portugal, el caso único en el que un candidato gana las elecciones prometiendo más consolidación fiscal

Alvise Lennkh (Scope Ratings) | Portugal continuará con la reciente estabilidad política y la austeridad fiscal después del buen resultado que obtuvo el Partido Socialista en las elecciones, a pesar de que una nueva coalición o un gobierno en minoría puede llevarle a tener que hacer concesiones a los partidos aliados de izquierdas.

 

Esperamos que el líder del PS, António Costa, presida el próximo gobierno después de que su partido ganara 106 de los 230 escaños parlamentarios en las elecciones del país del pasado fin de semana.

 

Costa no alcanzó la mayoría absoluta, por lo que ahora necesita el apoyo del partido anticapitalista Bloco de Esquerda (BE, 19 escaños) o de los comunistas (PCP-PEV, 12 escaños) para una mayoría parlamentaria. Los partidos de centro-derecha liderados por los socialdemócratas sólo tienen 83 escaños juntos, por lo que el PS puede superar las votaciones parlamentarias incluso si ambos partidos de extrema izquierda se abstuvieran.

 

Los comunistas han descartado formar una coalición con el PS, dejando a Costa con las opciones de una alianza con BE -que querría tener voz en el programa económico del nuevo gobierno- o liderar un segundo gobierno minoritario, dependiente de la negociación de los presupuestos con el Parlamento cada año. La influencia de BE y del PCP-PEV sobre la política de PS se manifestaría en la presión para aumentar el gasto público y prestar menos atención a la reducción de la deuda. Este es el riesgo clave, no en términos de la dirección, sino más bien del grado de riesgo.

 

Esperamos que la consolidación fiscal de Portugal continúe, registrando superávits primarios y reduciendo la ratio deuda/PIB por debajo del 110% en los próximos años.

 

Portugal es un caso único en el que un candidato gana las elecciones prometiendo una mayor consolidación fiscal; esto contrarresta las expectativas de costosas concesiones a la izquierda y hace más creíble un escenario de continuidad política.

 

Las demandas de la extrema izquierda, incluida la contratación de empleados del sector público para los servicios sociales y otro aumento del salario mínimo mensual a unos 800 euros, frente a los 600 euros actuales, podrían ralentizar, pero no detener, el ritmo de consolidación fiscal.

 

Costa también tiene que hacer frente a las crecientes presiones sociales, en parte debido al envejecimiento de la población de Portugal, así como a la falta de inversiones del país en un entorno de menor crecimiento mundial y europeo.

 

Otro reto es que, con un desempleo muy reducido, Portugal depende en mayor medida de las mejoras de la productividad más difíciles de conseguir para impulsar el crecimiento, lo que exige reformas económicas estructurales y una mayor inversión.

 

El mantenimiento de los superávits presupuestarios primarios, incluso a niveles ligeramente inferiores para hacer frente a algunas de las demandas de mayor gasto social e inversión pública, será difícil dada la ralentización económica, aunque los bajos tipos de interés están aliviando las presiones sobre las finanzas públicas. Los rendimientos de la deuda pública a 10 años de Portugal han caído significativamente hasta alrededor del 0,1%, desde más del 4% a principios de 2017, en medio de la continuación de la política monetaria ultra laxa del Banco Central Europeo.

 

En Scope todavía esperamos que el próximo gobierno dirigido por el PS registre superávits primarios en los próximos años y reduzca aún más la deuda pública. Incluso si el crecimiento del PIB real fuera a promediar sólo el 1% en los próximos cinco años, y el superávit primario el 2% del PIB en lugar del 3% que actualmente espera el FMI, la ratio deuda/PIB descendería hasta alrededor del 110% en 2024, frente al 121% en 2018.

 

Mejoramos la perspectiva del rating de Portugal en abril hasta BBB Positivo, destacando la prevista continuidad de la política tras las elecciones y la reducción sostenida de los desequilibrios fiscales, así como una corrección gradual de los desequilibrios económicos, como principales impulsores.