¿Están justificados los riesgos para el sector bancario europeo?

Marco Troiano (Scope) | Existen focos de debilidad y vulnerabilidad, pero las probabilidades de una crisis sistémica en el sector bancario son bajas. Las medidas extraordinarias puestas en marcha en 2020, incluyendo la política fiscal y monetaria, pero también las medidas de apoyo a los bancos han tenido bastante éxito a la hora de evitar el peor de los escenarios. A diferencia de la crisis financiera mundial, no se ha producido una contracción generalizada del crédito, y la liquidez y el capital de los bancos no son obstáculos apremiantes para el repunte económico.

Sabemos que estas medidas no son eternas y existen dudas sobre lo que ocurrirá cuando se retire el apoyo. En particular, creemos que las empresas más pequeñas del comercio minorista, el turismo y el ocio pueden correr un mayor riesgo, ya que los cierres en el segundo semestre de 2020 y el primero de 2021 pesaron más en su actividad. Los datos de la encuesta sobre préstamos bancarios también muestran un cierto endurecimiento de las normas de crédito para las PYMEs a partir del segundo semestre de 2020. Pero nuestro escenario es que el sistema está relativamente bien preparado para hacer frente al problema de la calidad de los activos.

En este sentido, hacemos un recorrido por las cuestiones clave en materia de estabilidad financiera y otros temas que apremian al sector bancario, expuestos en el Informe de Estabilidad Financiera del Banco Central Europeo.

Calidad de los activos bancarios 

El ciclo de la calidad de los activos siempre va por detrás del ciclo económico porque las empresas y los particulares suelen tener reservas de efectivo para absorber las dificultades económicas iniciales, pero también porque hay desfases entre la realidad contable y la realidad económica. En teoría, la NIIF 9 debería haber acortado estos desfases al acelerar el reconocimiento de las pérdidas.

En la práctica, la combinación de medidas de apoyo del sector público (exenciones fiscales, subvenciones, préstamos garantizados y otras transferencias fiscales), las medidas de apoyo a los prestatarios (en particular, las moratorias) y la indulgencia del supervisor (en particular, con respecto a los préstamos con moratoria) han retrasado considerablemente el reconocimiento contable de los préstamos con problemas. En 2020, la mayoría de los bancos europeos informaron de niveles estables o incluso decrecientes de morosidad. Nuestra previsión es que la morosidad aumente y que el coste del riesgo de los bancos siga siendo elevado no sólo en 2021, sino también en 2022.

Reservas de capital 

Los bancos que recurren a sus reservas de capital han sido la excepción más que la regla, e incluyen entidades que realizaron grandes reservas de provisiones de forma preventivas en 2020. Consideramos que los bancos tienen reservas para absorber pérdidas. El hecho de que se trate de reservas de capital o de provisiones «preventivas» no supone una gran diferencia en la práctica. Cuando se trata de financiar el crecimiento, tampoco creemos que los bancos de la eurozona tengan problemas de capital.

El crecimiento de los préstamos en 2020 fue impulsado principalmente por los préstamos garantizados, con poca absorción de capital. Además, la prohibición de los dividendos provocó una mayor acumulación de capital en el balance. Por último, los cambios normativos en torno al tratamiento de los intangibles de los programas de software, los préstamos a las PYMEs y la composición de los requisitos del segundo pilar de Basilea II dieron lugar a importantes liberaciones de capital.

Morosidad

Varios bancos consiguieron reducir la morosidad en 2020 gracias a las cesiones de cartera, también ayudadas por estos sistemas de garantía. Pero éstas estaban relacionadas en su mayoría con la morosidad heredada de la crisis financiera mundial. En mi opinión, la cuestión más urgente no es tanto la reducción de la morosidad como el reconocimiento adecuado de la misma. Las medidas extraordinarias, incluidas las relativas a la clasificación de la morosidad, estaban justificadas por la situación de emergencia, pero su justificación es cada vez más difícil. Estas medidas restan transparencia al balance y podrían, si se prolongan, aumentar los costes de financiación de los bancos.

Escasa rentabilidad 

La escasa rentabilidad de los bancos es un problema real. Los bancos de la eurozona han destruido valor, en promedio, durante la última década, independientemente de la fase del ciclo económico. Los impulsores de la baja rentabilidad son estructurales e incluyen la re-regulación del sector después de la gran crisis financiera, el aumento de la absorción de capital (y por lo tanto la disminución de la rentabilidad) de la función de asunción de riesgos de los bancos, una curva de rendimiento plana (que limita la rentabilidad de la transformación de los vencimientos), y la creciente competencia de los actores no bancarios escasamente regulados (bancos en la sombra, fintechs, Big Tech).

No vemos que estos elementos cambien a corto plazo. El reciente optimismo en torno a la reflación y a un entorno de tipos de interés potencialmente más favorable puede ser de corta duración.

Compresión de los márgenes

Si bien la recuperación económica podría estimular una cierta demanda de préstamos impulsada por la inversión, la expiración de los incentivos a los préstamos -incluidas las garantías públicas y los tipos de bonificación en las líneas TLTRO 3- pesará sobre la disposición de los bancos a conceder préstamos. Podríamos asistir a una moderación del crecimiento de los préstamos en los próximos trimestres.

Las perspectivas del margen de intereses siguen siendo poco alentadoras. Creemos que el recorte de costes y la racionalización de las franquicias de distribución seguirán siendo prioritarios para la dirección de los bancos. La consolidación en mercados excesivamente bancarizados como Alemania e Italia podría apoyar este proceso.