Philippe Waechter (Ostrum AM) | En el convulso mundo actual, la economía global puede evolucionar a modelos de poder muy distintos. A continuación se detallan los cinco posibles escenarios. Europa puede quedar relegada, recuperar protagonismo o beneficiarse del desgaste de EEUU y China.
Primer caso: Una economía mundial dominada por dos potencias líderes: Estados Unidos y China.
En este escenario, Europa desempeña un papel secundario. No porque esté desapareciendo, sino porque ya no es capaz de imponer sus normas ni de mantener la autonomía tecnológica que antes se le atribuía. Más que liderar, se limita a seguir el ritmo, y su influencia es cada vez más limitada en las dinámicas entre las grandes potencias. Una de las consecuencias es que, a pesar de los esfuerzos del Banco Central Europeo, está perdiendo una parte significativa de su autonomía monetaria.
Segundo escenario: Europa vuelve a la senda del éxito y se mantiene en la primera división.
Esto requiere una política industrial sólida, una movilización real y la capacidad de competir en igualdad de condiciones con otros grandes competidores. El informe Draghi, la voluntad política, los cambios institucionales y una mejor coordinación pueden ser los catalizadores de esta renovación europea. No se convertiría en una copia de Estados Unidos o China, sino en un líder por derecho propio, con capacidad para influir y configurar el equilibrio de poder. En este escenario europeo, hay un aspecto esencial: la integración del mercado único. Cuanto más integrado está el mercado interior, más se convierte en una palanca de poder, lo que permite el surgimiento de líderes mundiales en lugar de regionales. Otra consecuencia es la autonomía monetaria y financiera, mientras que en el primer escenario esta autonomía se ve mermada en favor de los dos polos dominantes y, más concretamente, del dólar.
Tercer escenario: Estados Unidos sigue siendo el único líder.
China, en esta ocasión, pierde parte de la batalla. No se trata necesariamente de una «derrota» total, sino de un debilitamiento duradero vinculado a limitaciones internas (demográficas, políticas) y a una estrategia estadounidense destinada a socavar la tecnología el poder del Imperio Medio. Se pueden considerar aspectos muy concretos, como el acceso a la energía, la seguridad de las rutas de suministro o las presiones geopolíticas que hacen que el modelo chino sea menos sólido de lo que parece. En este contexto, Europa se ve arrastrada por la dinámica estadounidense, que lo arrasa todo a su paso.
Cuarto escenario: China se convierte en la potencia dominante y Estados Unidos pierde influencia.
Una vez más, no se trata de una afirmación sensacionalista, sino de una hipótesis fundamentada: el debilitamiento de la democracia estadounidense, las tensiones internas con riesgo de desintegración del país, el endeudamiento excesivo, la pérdida de ventajas tecnológicas o los errores estratégicos. Lo fundamental es reconocer que el dominio nunca está garantizado, ni siquiera para una potencia consolidada. En este escenario, Europa recupera una posición más sólida. El liderazgo chino conduce a una división del mundo que podría parecerse a la de la Guerra Fría, pero con unos Estados Unidos debilitados. Europa puede entonces sacar partido de esta situación.
Quinto escenario, a menudo subestimado: un mundo sin un líder claro.
Todos han intentado imponer una estrategia muy proactiva, pero el entorno se está volviendo cada vez más restrictivo, más inestable y más costoso. Estallan los conflictos, se ven afectadas las infraestructuras críticas y la destrucción o el sabotaje afectan a los centros neurálgicos (incluidos los centros de datos). El equilibrio de poder cambia: el poder ya no se mide únicamente por el PIB, sino también por la resiliencia, la seguridad y la capacidad de absorber las crisis.



