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Publicado en OPINION Martes, 26 de agosto de 2014 02:00

Un QE sería clave para que Alemania, Francia e Italia salieran de su estancamiento actual

Por Francisco López | La reacción de los inversores a las palabras de Draghi en Jackson Hole (EEUU) indica que dan por hecho que el BCE va a adoptar muy pronto (en la reunión de septiembre u octubre) nuevas medidas de estímulo. Algunos analistas, en cambio, advierten de que los mercados pueden estar exagerando en su reacción y no descartan que la autoridad monetaria europea deje pasar unos meses para comprobar si es necesario implementar un programa agresivo de compras de deuda pública.

 

En el mercado de deuda, el Tesoro español ha colocado hoy letras a tres meses al interés más bajo de su historia; el bono español ha caído hasta la zona de los 120 puntos básicos, y el bund alemán también se ha situado muy cerca de sus mínimos históricos. Por tanto, la rebaja de los tipos de interés de la deuda pública es común a los bonos de todos los países europeos y tiene que ver con las perspectivas de baja inflación durante un periodo prolongado de tiempo y con la disposición del BCE a aprobar un quantitative easing.

 

Otro tanto sucede con la renta variable. El Ibex ha recuperado ya todo lo perdido en agosto, y ha vuelto a situarse por encima de los 10.800 puntos. El S&P 500 está en máximos históricos, lo que también ayuda a la euforia de los mercados bursátiles europeos.

 

¿Hay razones para tanto optimismo? Sí, pero solo en el caso de que Draghi se atreva a ejecutar inmediatamente un programa de compras de deuda soberana. Ocurre que no todos los expertos tienen claro que vaya a ser así. En primer lugar, porque todavía ni siquiera se ha ejecutado la batería de medidas que el BCE aprobó el pasado mes de junio: las dos subastas de TLTROs y el programa de compras de titulizaciones. ¿No sería mejor esperar para comprobar los efectos de estas medidas?

 

La única razón para tanta prisa sólo puede ser el temor de las autoridades europeas a los efectos devastadores de una inflación anclada durante meses en el 0,5%. Los Gobiernos europeos no tienen actualmente ningún problema para financiarse, pero un quantitative easing tendría un impacto inmediato en la subida de los precios, alejando el fantasma de la japonización de la eurozona, y en la depreciación del euro. Ambos factores son clave para que las economías centrales (Alemania, Francia e Italia) salgan de su estancamiento actual.

 

De concretarse la compra directa de bonos soberanos, no hay que descartar que el euro (que se ha depreciado un 5% en las últimas semanas y se cambia por 1,32 dólares) caiga por debajo de 1,20 dólares y la prima de riesgo se desplome por debajo de los 100 puntos básicos.  

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