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Jueves, 21 de junio de 2018
Publicado en Noticias Premium Lunes, 15 de enero de 2018 08:00

Disparidad entre las Bolsas y economía

Miguel Navascués | Hasta la crisis de 2008 se solían analizar –también desde los bancos centrales– las previsiones de actividad y precios, especialmente el PIB, tomando como dadas o poco influyentes las condiciones financieras.

 

Se suponía que los tipos de interés y su pendiente eran suficientes para ejercer influencia y determinar el ritmo futuro de la economía. Se ponía el énfasis en las variables reales –sobre todo inflación y tasa de actividad y empleo–. Sí que se tenía en cuenta el posible efecto riqueza de las variaciones bursátiles en la actividad y decisiones de consumo e inversión. Como sabemos por la experiencia de 10 años, y como explican Stijn Claessens and M. Ayhan Kose en un documento del BIS (‘Asset prices and macroeconomic outcomes: a survey’), la visión del mercado financiero en sus efectos sobre la economía real ha fallado estrepitosamente.

 

Una pieza fundamental de la vieja analítica era la Q de Tobin. Este indicador se constituía dividiendo el valor de una empresa en Bolsa en un momento determinado por su valor contable. Por ejemplo, una Q igual a 1,3 significaba que la empresa era apreciada en el mercado por un 30% más que lo que decían sus libros, lo que era una oportunidad para financiar bienes de capital a través de la emisión de acciones, o como alternativa, usando parte de las acciones en poder de la empresa como colateral para obtener un crédito.

 

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