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Publicado en INTERNACIONAL Miércoles, 06 de febrero de 2019 00:00

Bloomberg pasa de situar en el 15% la probabilidad de recesión en Estados Unidos a colocarla en el 25%

Intermoney | El cierre parcial de la administración federal de Estados Unidos ha causado daños colaterales en forma de alteración del calendario de publicación de indicadores clave y deterioro de la confianza de los agentes económicos estadounidenses.

 

 

En ambos casos, estamos ante cuestiones cuyo impacto resulta temporal, si bien se prolongará en el tiempo más que en otros episodios similares del pasado.

 

En el corto plazo, la publicación de indicadores en Estados Unidos seguirá caracterizándose por los retrasos y, sobre todo, por una menor calidad de la información conocida. Luego, deberemos estar preparados para asistir a revisiones de cierta importancia de algunos indicadores, siendo un buen ejemplo de ello la productividad del 4tr19 que conoceremos hoy. Las autoridades ya han comunicado que el dato ha sido elaborado con información limitada, lo cual se alinea con nuestra tesis al vaticinar ajustes de cierta relevancia en la estimación final.

 

No obstante, la anterior situación seguramente no se dé con la información referente a la balanza comercial estadounidense de noviembre. De acuerdo con nuestras previsiones, la mencionada balanza (incluyendo bienes y servicios) arrojará un déficit de -53,6 mm. $, cifra inferior al desfase negativo de octubre pero bastante superior a los - 48,95 mm. $ de noviembre de 2017 y esto será lo realmente importante. La realidad es que la economía estadounidense ha seguido comportándose positivamente gracias al apoyo del consumo de los hogares y ante esta situación complementada con la desaceleración en algunos de los clientes de Estados Unidos, resulta lógico que sigan cosechándose abultadas cifras de déficit comercial que puedan ser utilizadas por Trump como baza negociadora con países como China.

 

El segundo gran apartado en el que han sido visibles los efectos del cierre administrativo en Estados Unidos ha sido el de las confianzas de los agentes económicos, observándose un fuerte deterioro en el caso de los consumidores que era extrapolable a los empresarios del sector servicios de acuerdo con el índice ISM. En ambos casos, los robustos niveles de partida restan importancia a este hecho, si bien no debe obviarse el deterioro sufrido ya que es muy real la posibilidad de asistir a la redición del cierre administrativo en un plazo breve de tiempo. Una situación que cobraría mayor importancia al “llover sobre mojado”.

 

De momento, en su discurso de esta madrugada del Estado de la Unión, Trump reafirmaba su discurso en materia migratoria y esto deja la puerta abierta a que, una vez consumido el plazo de tres semanas, la administración federal vuelva a ver paralizada su actividad parcialmente. Mientras tanto, en lo que se refiere a las relaciones comerciales con China, el presidente de Estados Unidos señalaba que el gigante asiático debe dejar “de robar nuestra propiedad intelectual”; una frase que dejaba entrever lo complejo que resultará la consecución de un acuerdo entre las dos grandes potencias.

 

Las palabras de Trump o la fortaleza de los datos del mercado laboral en Estados Unidos, que diluye el discurso de los más agoreros, no evitan que hayamos perdido visibilidad respecto al desempeño de la economía en el futuro próximo. Una cuestión que cobra importancia en un momento en el que siguen presentes las inquietudes hacia el futuro de la actividad, como bien pone de relieve el consenso de Bloomberg que ha pasado de situar en el 15% la probabilidad de recesión a 12 meses en Estados Unidos a colocarla en el 25% en la actualidad.

 

El avance de los miedos recesivos, más que en el debilitamiento de ciertos indicadores, se sustenta en otros aspectos clave como el impacto del endurecimiento de la política monetaria en Estados Unidos. La encuesta de condiciones del crédito bancario del 4tr18, publicada recientemente por la Fed, arrojaba que los préstamos a empresas se endurecieron en el caso de los vinculados con las actividades inmobiliarias, experimentado mínimos cambios cuando estaban relaciones con la actividad ordinaria o industrial. Sin embargo, esto no evitaba que la demanda de crédito por parte de las empresas se debilitase, lo cual podemos achacar al repunte experimentado por los tipos de financiación.

 

En el caso de los hogares, la encuesta de la Fed también revelaba que las condiciones de los préstamos no experimentaban grandes cambios, a excepción de los vinculados con las tarjetas de crédito. Sin embargo, la gran clave radicaba en la demanda de crédito y ésta también se debilitaba en el caso de las familias, lo cual podemos achacar (entre otras cuestiones) al repunte de los costes de financiación derivado de las alzas de tipos de la Fed.

 

Luego, a pesar del paso atrás de la Reserva Federal y el compromiso de su presidente, incluso, para alterar el ritmo del ajuste del balance de la institución en caso de necesidad, los costes de financiación en Estados Unidos son mayores a los de hace un año. Una situación que pasa factura a un número importante de compañías estadounidenses y, de hecho, se estima que cerca del 17% de las empresas estadounidenses cotizadas tuvieron problemas para hacer frente a los intereses de su deuda durante el año pasado. Unas cifras que mejoran los máximos superiores al 20% de 2016, según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF por sus siglas en inglés), pero que siguen siendo muy elevadas.

 

El importante repunte del apalancamiento en algunas empresas, surgido a la sombra de las laxas condiciones de financiación, es uno de los mayores riesgos que ha tomado forma durante los últimos años. Un riesgo que se ha visto potenciado al estar vinculado el avance de la deuda con proyectos fallidos o fines no productivos como la mejora de la retribución de los accionistas.

 

Con independencia del motivo que dio origen a la deuda, el problema es el mismo: más obligaciones que no dieron lugar a más activos generadores de recursos para hacer frente a las mismas. Por ejemplo y sin dejar Estados Unidos, se calcula que en los últimos 5 años, los préstamos calificados con una nota por debajo del grado de inversión o próxima al mismo se ha duplicado hasta sumar 1,4 billones $. Además, el ratio de los beneficios respecto a los intereses en las compañías consideradas en una situación de riesgo ha pasado de algo menos de 8 veces en 2014 a cifras inferiores a 3 veces en 2017.

 

La realidad del deterioro de la situación de ciertas empresas, además del endurecimiento de las condiciones de financiación en Estados Unidos, pesará en la actividad económica y en los mercados en los próximos meses. De hecho, en cuanto a las condiciones de financiación, las entidades bancarias reconocían a la Reserva Federal que a lo largo de 2019 planean endurecer los estándares del conjunto de los préstamos que ofertan, incluidos los vinculados a las tarjetas de crédito y las hipotecas de gran volumen. Al mismo tiempo, reconocían que descuentan una demanda débil en todas las categorías de préstamos, a excepción de las tarjetas de crédito que permanecerán estables, y el deterioro generalizado de la calidad de los mismos.

 

En suma, aunque la Powell put nos haya deparado un buen inicio de año, Trump gestione las negociaciones comerciales con China de forma que ahora no pasen gran factura al S&P500 y los datos estadounidenses de hoy no sean revolucionarios, deben tenerse muy presentes cuestiones como las expuestas que acabarán por pesar en 2019.

 

Mientras tanto, en Europa, las órdenes industriales alemanas de diciembre, con su caída del -1,6% m., no hacían olvidar su débil trasfondo, si bien esto no debería forzar nuevos cambios en el tono del BCE. Las últimas filtraciones apuntan que algunos de sus consejeros se muestran reticentes a cambiar la guía proporcionada a los inversores, dado que no desean condicionar la acción del próximo presidente de la entidad. Draghi dejará su puesto el próximo 31 de octubre, pero el nombre de su sustituto seguramente tarde en conocerse al verse condicionada su ratificación por la confección del nuevo Parlamento Europeo.

 

Draghi será difícilmente reemplazable y hasta que no se conozca quién será su sustituto, aunque sea de forma oficiosa, parece que en Frankfurt no se darán pasos que comprometan el futuro más allá del mencionado 31 de octubre. De forma que existirá una extrema cautela antes de lanzar mensajes que vayan más allá de dicho horizonte, especialmente en lo que se refiere a los tipos de interés. Luego, en caso de necesidad, se optaría primero por reeditar medidas como los TLTRO, siendo la segunda opción a cierta distancia la de alterar las expectativas hacia los tipos.

 

En suma, en la UEM parece que ya hemos asistido a todos los gestos que están dispuestos a hacer desde el BCE siempre que el escenario no empeore, debiéndose quedar los inversores con los resultados empresariales en jornadas como la de hoy: Nordea Bank, Carlsberg, BNP, ING, Daimler, Publicis, Glaxo Smith Kline, Vinci, Dassault Systemes, Equinor, Omv, Metso, Neste Oyj...  

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