Claudio Wewel (J. Safra Sarasin Sustainable AM) | Creemos que el oro registrará otro año positivo en 2026, a pesar de su espectacular desempeño en 2025. El metal precioso está bien posicionado para beneficiarse de la diversificación frente a los activos de reserva en dólares. En esencia, este proceso se inició con el congelamiento de reservas rusas en dólares tras la invasión de Ucrania en 2022, momento en el que los bancos centrales de mercados emergentes incrementaron sus reservas de oro. Desde 2024, las compras de oro se han ampliado, dado el creciente interés de gestores de inversión y particulares, generando fuertes entradas en ETFs respaldados físicamente por oro.
Los recientes acontecimientos geopolíticos justifican la continuación de esta tendencia. Dado su carácter de “activo refugio por excelencia”, el oro está llamado a actuar como moneda entre bloques geopolíticos, a medida que la disminución de la confianza entre ellos reduce la viabilidad del dólar como moneda global. Los intentos continuos de la administración Trump de socavar la independencia de la Fed constituyen otro factor importante de soporte para un precio más alto del oro, siendo la apertura de una investigación penal contra el presidente de la Fed, Powell, el último ejemplo. Por ello, esperamos que los inversores institucionales sigan aumentando sus asignaciones a oro, percibiéndolo también como una vía práctica para “apostar contra el dólar”.
De forma similar, la plata está bien posicionada para beneficiarse de la diversificación frente al dólar. En noviembre de 2025, el gobierno estadounidense incluyó la plata en su lista de minerales críticos, señalando riesgos potenciales de suministro y acelerando los envíos a EE. UU. Esto ha reducido aún más la oferta global de plata, que ha mostrado un déficit estructural durante los últimos cinco años. Gracias a su bajo coste de almacenamiento (comparado con otras materias primas) y su tradición como material monetario para acuñar monedas, la plata posee una ventaja similar a la del oro. A pesar de su fuerte repunte a final de año, creemos que su déficit de suministro podría protegerla de caídas bruscas a corto plazo. Además, las posiciones largas especulativas se han moderado respecto a sus máximos de mitad de año. No obstante, reiteramos que la plata será más susceptible que el oro a una consolidación de la inversión relacionada con la IA, dada su naturaleza cíclica.
El oro continuará subiendo a medida que los inversores aumenten sus asignaciones y persista la fragmentación geopolítica
El oro se ha recuperado de su corrección del 10 % en octubre, impulsado por compras oportunistas de bancos centrales. Las políticas exteriores predatorias de EE. UU. y los ataques renovados de la administración Trump a la independencia de la Fed han llevado al oro a máximos históricos desde comienzos de 2026. Esperamos que el oro siga subiendo ante el contexto geopolítico actual y que el sesgo acomodaticio de la Fed aporte un impulso adicional. Las posiciones en ETFs respaldados físicamente siguen solo ligeramente por encima de los máximos de 2022, lo que sugiere margen para compras adicionales.
Creemos que el rally debería continuar, ya que el oro sigue infravalorado. Los inversores previamente inactivos deberían continuar incorporando oro a sus carteras. Los bancos centrales seguirán diversificando sus reservas fuera de activos en dólares. Este grupo comprará las caídas de manera oportunista, proporcionando un suelo al precio del oro. El creciente interés de los emisores de stablecoins y el desplazamiento general desde activos cripto representan riesgos alcistas adicionales.
A largo plazo, y dado su papel creciente en asignaciones estratégicas, el oro tenderá a estabilizarse en precios más altos que en el pasado. Las compras de bancos centrales han aumentado desde 2022 y esperamos que esta tendencia estructural continúe.



