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Publicado en INTERNACIONAL Martes, 06 de marzo de 2018 08:00

El proteccionismo puede monopolizar los próximos días

Intermoney | El avance del proteccionismo era uno de los principales riesgos esgrimidos para el corto y medio plazo desde distintos ámbitos y las últimas acciones y anuncios realizados desde la nueva Administración de Estados Unidos, así lo confirman.

 

En enero, el presidente estadounidense aprobaba imponer un arancel especial del 30% a las importaciones de placas y células solares, además de otro entre el 20% y el 50% para las lavadoras durante el primer año de vigencia del gravamen para, posteriormente, ajustarlo a la baja de forma progresiva.

 

Ahora, el anterior paso puede considerarse de “tanteo” a la potencial respuesta a la estrategia proteccionista de Estados Unidos, si bien la diferencia con respecto a la situación actual es que se trataban de productos menos sensibles que el acero y el aluminio para muchos socios comerciales. En principio, el arancel del 25% al acero y 10% al aluminio que debería instaurarse durante la presente semana no debería atesorar excepciones entre países (otra cuestión es según el destino), si bien las últimas palabras de Trump apuntan que nada está cerrado: “Tenemos grandes déficits comerciales con México y Canadá. El NAFTA, que está en renegociación en este momento, ha sido un mal negocio para Estados Unidos. La reubicación masiva de empresas y empleos. Los aranceles sobre el acero y el aluminio solo se levantarán, si se llega a un acuerdo NAFTA nuevo y justo”.

 

De nuevo, como suele ocurrir con la nueva Administración de Estados Unidos, el ruido y la incertidumbre acompañan sus pasos. Sin embargo, en esta ocasión, el peligro es mayor ya que cualquier paso en falso puede acabar por dar forma a una contraproducente “guerra comercial” en la que perderían todos. La elección del aluminio y el acero para este “golpe de efecto” no es casual ya que se trata de bienes sensibles para sus productores y desde el punto de vista del electorado estadounidense, pero con un impacto comedido en la economía americana.

 

En 2017, las importaciones de acero y hierro de Estados Unidos ascendieron a 37 mm. $, mientras que las de aluminio representaron 10 mm. $ del total de importaciones de bienes por valor de 2,36 billones $. En términos de las compras de bienes al exterior, se trataría de cifras reducidas, pero aún más si se ponen en términos del PIB estadounidenses al sumar un 0,2% del mismo. Además, en términos de inflación y teniendo en cuenta que los productos mencionados se encareciesen en línea con los aranceles, estaríamos ante un avance adicional que rondaría una décima.

 

Las cifras expuestas recuerdan que los aranceles propuestos tendrían poca incidencia sobre la actividad e inflación estadounidense, aunque el verdadero problema es que esta medida podría abrir la espita para las guerras comerciales. De momento, desde la UE se trabajaría con una lista de represalias comerciales que se traducirían en aranceles por valor de 2.800 mill. € y que afectarían a partes iguales a: los productos agrícolas, el acero y aluminio y a otros productos. En principio, las discusiones a alto nivel tendrían lugar el miércoles en Bruselas, mientras que desde Estados Unidos las amenazas se extienden a las automovilísticas europeas.

 

A pesar de la oposición de importantes republicanos a los planes de Trump, de lo que no cabe duda es que el proteccionismo puede monopolizar una jornada como la de hoy, sin referencias de calado en Europa, mientras que en Estados Unidos las órdenes finales de bienes duraderos confirmarán su destacado descenso en enero.

 

En este contexto de política proteccionista, las intervenciones de Dudley (Fed Nueva York) y de la gobernadora de la Fed, Lael Brainard, pueden ir más allá de un discurso positivo sobre la actividad en Estados Unidos y acorde con nuevas subidas de tipos, empezando por el propio mes de marzo. Así, pueden darse comentarios recordando los riesgos que emanan de las actitudes proteccionistas, como ya hiciera el presidente de la Fed de Minneapolis días atrás.

 

Bien es cierto que, anteriormente, apuntábamos el impacto residual sobre la actividad estadounidense de las medidas tomadas hasta ahora, pero en base a los datos manejados por la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) y los propios planes para financiar la reforma fiscal por parte de la Administración Trump, podemos adelantar que no estaremos ante la última subida de aranceles de 2018. El impacto de casi -0,4% del PIB en términos de déficit que supondrán los recortes sobre el impuesto de las personas físicas, pretenden ser compensados mediante un aporte positivo casi de la misma cuantía de los gravámenes internacionales. Un hecho que, a su vez, recuerda que el impulso de la reforma fiscal pueda ser menor de lo estimado, ante ciertos sobrecostes encubiertos para los agentes económicos.

 

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