Tras Canadá, los siguientes bancos centrales en empezar a desmontar su generosidad serían los de Australia y Nueva Zelanda

Intermoney | El Banco de Canadá se ha convertido esta semana en un inesperado protagonista debido a que empezaba a virar su política monetaria al dar sus primeros pasos hacia una menor generosidad. El progreso logrado en cuanto a la recuperación económica hacía que la entidad acordase la reducción de las compras netas de deuda pública canadiense en 1.000 mil. CAD hasta situarlas en 3.000 mill. CAD a partir de la próxima semana.Un paso que se apoyaba en unas previsiones realmente positivas de la autoridad monetaria canadiense hacia la economía mundial, ya que proyectaba un avance del PIB global del 6,8% en 2021, desacelerando posteriormente hasta el 4,1% en 2022 y el 3,3% en 2023.

Las positivas perspectivas para el crecimiento de la economía mundial no son una cuestión baladí para la economía canadiense ya que a finales de 2020 el peso directo en su PIB de las actividades mineras y extractivas de hidrocarburos rondaba el 7,5%, a pesar de que aún trabajan al 93% de los niveles pre-crisis. Unas actividades que también fueron las que más aportaron al crecimiento canadiense en los dos últimos meses del año pasado. De hecho, en diciembre fueron claves para que el PIB de Canadá aumentase un 0,1% m.; referencia que nos puede parecer curiosa cuando estamos acostumbrados a observar cifras trimestrales.

En conjunto, el viento sopla a favor de la economía canadiense que se encuentra muy expuesta a EEUU, pero también al desempeño de la economía mundial por medio de su papel de gran productor de materias primas. Una combinación que, junto a la adaptación de los hogares y las empresas al escenario COVID, explica que el desempeño del PIB de Canadá apunte un comportamiento mucho mejor de lo esperado por parte de la autoridad monetaria del país a principios de este año. De hecho, ayer, el Banco de Canadá proyectaba que el PIB canadiense crezca un 6,5% en 2021, moderando posteriormente hasta 3,7% en 2022 y 3,2% en 2023. Empero, la buena noticia no era sólo ésta, sino que la resistencia mayor de lo esperado a la pandemia y el proceso acelerado de digitalización han llevado a que el Banco de Canadá revise al alza el crecimiento potencial de su país en 2021 desde cifras de 0,9% hasta 1,5%, una vez se excluyen los factores temporales.

En cuanto a la inflación, se espera que ésta alcance la parte alta del rango de control 1-3% del Banco de Canadá en los próximos meses, aunque se califica esta situación de temporal y se apunta su retorno a cotas próximas al 2% en la segunda mitad del año. Una situación de estabilización respecto a la que se proyecta su posterior continuidad, lo cual explica que las tasas de inflación esperadas por el banco central canadiense para su país se queden en 2,3% en 2021, 1,9% en 2022 y 2,3% en 2023, a pesar de revisarlas al alza. Una vez tenemos en cuenta todo lo expuesto y las características especiales de la economía de Canadá, no resulta de extrañar que su banco central haya empezado a desmontar la generosidad de su política monetaria y existan motivos para esperar que la estabilidad de los tipos oficiales canadienses llegue a su fin en los últimos meses de 2022. El paso dado en Canadá ha llevado a especular con cuáles serán los próximos países desarrollados en los que la política monetaria se puede tornar menos generosa y todas las miradas se dirigían a Australia y Nueva Zelanda.

En todos los casos citados estamos ante países con una población relativamente reducida y una exposición importante a las materias primas y, por lo tanto, a la coyuntura global. De forma que no deben extrapolarse a otras economías avanzadas las funciones de reacción de sus bancos centrales, en cuanto a los tiempos. No obstante, resulta innegable que la política monetaria empieza a virar a lo largo del mundo y los inversores no descuidarán dicha realidad en los próximos meses. Ayer, asistíamos a la decisión del Banco de Canadá de reducir sus compras de activos y, en marzo, el saldo favorable a las bajadas de tipos enel mundo emergente dio paso a las alzas. Entre las 37 principales economías emergentes, se optó por la estabilidad de tipos en 32 de éstas,mientras que,en las 5 restantes,se incrementaron.