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Publicado en GESTORES Viernes, 14 de febrero de 2020 08:00

Tesla y otras burbujas que no se ven hasta que estallan

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Cuando el pasado mes de enero el valor bursátil de Tesla superó al de Volkswagen, me acordé de cuando, en plena burbuja tecnológica, la fenecida “puntocom” Terra llegó a valer en la Bolsa española más que un gran banco o una gran eléctrica.

 

Al repetirse casos como estos, ¿no estaremos ante una nueva burbuja tecnológica que, en algún momento, pueda impactar en los fondos tecnológicos que no sepan discriminar entre compañías de moda y firmas con auténtico futuro?

 

¿Qué pasaría si Terra o compañías similares de internet desaparecieran de golpe?, escribí entonces. ¿Se hundiría la economía? La respuesta obvia era no, por más que se pagaran las acciones de ciertas tecnológicas más caras que las de algunos bancos o compañías de servicios públicos. Sin embargo, si, de la noche al día, el valor de un gran banco o una gran compañía energética se volatilizara, los traumas serían gravísimos tanto en la economía como en los mercados.

 

De hecho, ya vimos lo que le ocurrió a la economía mundial cuando, a partir de 2008, el castillo de naipes de la mal regulada –y peor gestionada– gran banca se desmoronó de golpe. La economía mundial sufrió un devastador terremoto, con epicentro en un sistema financiero que, desde entonces, no ha hecho más que intentar salir del agujero. La sima fue tan profunda que no sólo se llevó por delante, por ejemplo, la mitad del sistema financiero en países como España (porque eso representaban las cajas de ahorros), sino que aún no se ha cerrado del todo y continuamente amenaza con nuevas réplicas de aquel gran temblor.

 

¿Qué hubiera ocurrido si hubiera quebrado, además, una gran firma energética? Sin duda, otros competidores hubieran corrido a ocupar sus mercados, pero el daño temporal también hubiera sido tremendo.

 

Siguiendo el razonamiento, ¿qué pasaría ahora si Tesla, el valor automovilístico más caro en Bolsa pero un fabricante aún minoritario y poco rentable, desapareciera? ¿Y qué ocurriría si las que quebraran fueran auténticos gigantes del sector como Volkswagen, Toyota o PSA?

 

¿Y qué pasará cuando la acelerada electrificación e hibridación de los modelos fabricados por estos grandes grupos obliguen a Tesla a bajar precios, a multiplicar su producción o a lanzarse al desarrollo de nuevas tecnologías aún no exploradas?

 

A efectos prácticos para el inversor, Tesla no es en realidad una compañía automovilística. Más que vender coches, lo que vende son expectativas, futuro, potencial… Más o menos lo mismo que vendían muchas “puntocom”. De ahí que su precio en Bolsa sea tan disparatado. Pero si en algún momento se convirtiera en un simple fabricante de automóviles, por avanzados que sean sus modelos, acabaría siendo valorada con tanto rigor como el resto del sector, su cotización se desplomaría e, inevitablemente, sería rápidamente engullida por alguno de los gigantes con los que ahora compite en capitalización bursátil.

 

Recuerden, sobre todo si invierten en fondos tecnológicos: las burbujas son burbujas porque no se ven hasta que no estallan. Revisen las carteras de sus fondos y comprueben que nos están “hinchadas” por empresas sobrevaloradas en el mercado. Elijan preferentemente fondos tecnológicos con historia, que puedan mostrar sus resultados en periodos largos, sea cual sea la burbuja de moda. Y, sobre todo, no apuesten por este tipo de fondos si no cuentan con carteras suficientemente diversificadas.