Usamos cookies propias y de terceros para mejorar servicios y mostrarle publicidad de su preferencia mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Jueves, 12 de diciembre de 2019

Pulse en el valor para ver ratios >

Publicado en NACIONAL Miércoles, 13 de noviembre de 2019 08:45

Pedro Sánchez se decanta por la izquierda

Fernando G. Urbaneja | Pedro Sánchez, ganador relativo de las elecciones (con menos votos y escaños) optó por el camino menos escabroso para alcanzar la investidura y seguir al frente del gobierno. Vuelve a la casilla inicial, la de la moción de censura de junio de 2017 que le permitió despedir y relevar a Rajoy.

 

El pacto con Iglesias fue imposible durante la pasada legislatura (de mayo a julio), cursó durante meses cargada de reproches de unos a otros. Ahora se materializa en una tarde, una conversación en Palacio (la Moncloa) entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias reedita el modelo del pacto para la censura a Rajoy con el argumento de hacer un gobierno “progresista”, palabra clave que evita otras más precisas, como gobierno de las izquierdas.

 

Pablo Iglesias lo resumió en pocas palabras tras firmar el acuerdo: “antes era una oportunidad y ahora una necesidad”. Para ambos políticos, que salieron malparados de las urnas el domingo, el acuerdo es la decisión sencilla a corto plazo. SÍ o SÍ, dijo Sánchez a sus militantes congregados ante la sede del partido el domingo; declaración tan relevante como lo fue el NO es NO a Rajoy que provocó una crisis en el PSOE, el despido de Sánchez del liderazgo y su posterior retorno.

 

Sánchez e Iglesias no suman, pero pueden alcanzar los votos necesarios para la investidura en diciembre. Sánchez tendrá que tragar con el gobierno de coalición al que se ha resistido, incluso a Iglesias como Vicepresidente, pero las otras opciones eran tan complicadas como improbables. Repetir elecciones supone un riesgo inasumible y negociar la gran coalición con la derecha parece inalcanzable o demasiado exigente.

 

El acuerdo suscrito, redactado a toda prisa para vestir el santo, es una retahíla de propósitos más literario que otra cosa, aunque pasará factura por incumplimientos. Pretender que la vivienda es un derecho y no una mercancía que suena brillante, pero nada más. Defender el equilibrio presupuestario con una larga lista de más gasto financiado por una fiscalidad más justa y progresiva suena a retórica. El papel lo aguanta todo.

 

Salir del laberinto del bloqueo, formar gobierno y abordar la cuestión catalana con ánimo dialogante puede desinflamar tensiones, al menos durante unos meses. Las contradicciones, las frustraciones, llegarán más tarde. Mientras la derecha que encabeza el joven Pablo Casado gana tiempo, resta tensión y decisiones arriesgadas, se coloca en el centro y en la oposición esperando su oportunidad.  

Aviso:  Acceda al contenido completo de Consenso del Mercado sumándose a nuestra Zona premium.