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Publicado en INTERNACIONAL Lunes, 08 de octubre de 2018 00:00

El ajuste en los tipos que algunas economías emergentes se han visto forzadas a aplicar lastrará su crecimiento

Michael Bell (J. P. Morgan) | Durante el tercer trimestre las bolsas emergentes se han visto lastradas por una ralentización en el crédito chino, temores sobre la vulnerabilidad de dichas economías a los ajustes en la política monetaria estadounidense, y preocupación por el posible impacto de las tensiones comerciales.

 

Aunque China ha sido capaz de frenar el ritmo de crecimiento del crédito no bancario, ante el obstáculo externo de los aranceles estadounidenses sus autoridades están ya flexibilizando sus políticas para respaldar el crecimiento nacional al tiempo que mantienen la presión normativa sobre “shadow lending”. Dicha situación debería proporcionar cierto respaldo a aquellos países de mercados emergentes que dependen de la demanda china.

 

Por otra parte, el ajuste en la política monetaria estadounidense está suponiendo un problema para las economías emergentes que dependen en mayor medida de la financiación externa. Además, a medida que la Fed continúa aumentando los tipos y liquidando su balance, los países emergentes con mayores volúmenes de deuda denominada en dólares y déficits fiscales o por cuenta corriente importantes o crecientes podrían encontrarse con dificultades. En este contexto, el aumento de los precios del petróleo supone otro obstáculo para las economías con grandes importaciones de crudo, especialmente aquellas cuyas divisas han registrado caídas pronunciadas que han aumentado aún más el coste de sus importaciones en términos de divisa local. El ajuste en los tipos de interés que algunas economías se han visto forzadas a aplicar para defender sus divisas y controlar la inflación lastrará sin duda su crecimiento.

 

En el viejo continente, la renta variable británica evolucionó negativamente debido a los temores de una posible salida sin acuerdo de la UE. Un hecho interesante a este respecto es que la correlación inversa entre la libra y las bolsas británicas se ha visto interrumpida recientemente. Quizás, conforme se aproxima la fecha límite para la formalización de un pacto, los inversores se muestran menos predispuestos a considerar positiva la posibilidad de un brexit sin acuerdo, incluso con la libra débil que acompañaría a tal resultado.

 

Asimismo, es posible que los inversores interpreten el bloqueo en el Partido Conservador como un mayor riesgo de un gobierno laborista con un programa populista. Tales consideraciones complican los pronósticos para los inversores de Reino Unido, los cuales se han acostumbrado a que la debilidad en la libra ayude a los valores británicos. Desde nuestro punto de vista, un brexit relativamente suave rebajaría en gran medida la prima de riesgo de la renta variable que a día de hoy se atribuye a la salida del Reino Unido de la UE, pero provocaría probablemente un importante repunte en la libra y un mayor ritmo de incremento de los tipos del que se prevé actualmente. Esto complica especialmente las perspectivas de la renta variable británica incluso conociendo el resultado probable de las negociaciones, que en cualquier caso sigue siendo claramente incierto pese a que nuestro escenario principal sea que una salida sin acuerdo no llegará a materializarse.  

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