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Martes, 23 de julio de 2019

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Publicado en NACIONAL Viernes, 14 de junio de 2019 00:00

Una economía a la espera de gobierno

Joan Tapia (Barcelona) | El Banco de España, al elevar la previsión de crecimiento del 2019 del 2,2% al 2,4%, acaba de confirmar que la economía española ha empezado el año mejor de los previsto. Se deshacen así las previsiones catastrofistas de algunos analistas y de la derecha política. La economía sigue creciendo –más que la europea, para la que se prevé este año el 1,4%– y se sigue creando empleo a buen ritmo.

 

 

La razón es que la demanda interna –el consumo de las familias, el público y la inversión– está teniendo un dinamismo superior al esperado que compensa la ralentización de las exportaciones –básicamente industriales– como consecuencia del menor dinamismo de las economías de la UE.

 

La economía va, pues, bien, pero la desaceleración –que sería absurdo confundir con una inminente recesión– es la tendencia general a la que la economía española no se puede sustraer. Así, el crecimiento previsto para los próximos años pasa a ser del 1,9% y del 1,7% en 2019 y 2020. El muy seguido índice PMI (los datos superiores al 50 indican expansión) confirma la tendencia. El de los servicios está en un positivo 53,9 frente al 52,5 de media europea, pero en 2017 estuvo en el 56,4. Y el de la industria se desacelera más ya que está en el 50,6 pero por encima del 47,6 europeo que en 2017 fue diez puntos más elevado.

 

La desaceleración sincronizada se va confirmando y el próximo gobierno español debe estar atento, pues la deuda pública es muy alta –lo que dificulta medidas fiscales anticíclicas– y el déficit público caerá poco este año, del 2,5 al 2,4%, según el Banco de España, tras conseguir el año pasado bajar del 3%, lo que nos ha permitido salir del pelotón de países bajo extrema vigilancia de Bruselas.

 

Además, la política monetaria fuertemente expansiva del BCE y los bajos tipos de interés permiten una financiación cómoda. El tipo de interés del bono español a 10 años, que en plena crisis llegó a superar el insostenible 7%, está ahora en el bajísimo 0,55%. Y esto no se debe solo a la política de Mario Draghi en el BCE, sino también a la confianza en España, ya que el bono italiano –que muchas veces se comportaba mejor que el español– está ahora, tras un año de gobierno populista, en el 2,35%, cuatro veces más que el español.

 

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