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Miércoles, 08 de abril de 2020

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Publicado en INTERNACIONAL Lunes, 13 de enero de 2020 00:00

La UE comprende que con políticas ecológicas podría ofrecer una respuesta estructural a una gran cantidad de problemas

Alphavalue | Cuando desde los ámbitos más favorables al libre comercio se vuelven cada vez más pesimistas con la globalización y se mira hacia un mayor grado de proteccionismo, uno puede preguntarse con razón si el proceso comenzó con la elección de Donald Trump (noviembre de 2016), que tenía como objetivo llevar al mundo hacia la negociación bilateral. El estancamiento del comercio mundial es visto de manera diferente por posiciones más conservadoras (salvar las viejas industrias) y las que tienen una especial sensibilidad por lo verde. Y ambas son objeto de crítica.

 

 

Europa pisa el acelerador verde...

 

La UE está poniendo encima de la mesa varias iniciativas con el objetivo combinado de adoptar lo que nunca tuvo, una estrategia industrial coherente, sin dejar de ser el líder mundial en cuestiones climáticas y estándares verdes. Esto ocurre cuando algunos líderes de la UE piden una unión más ambiciosa, poderosa y dinámica.

 

Entre las iniciativas más notables: el lanzamiento de un nuevo Green Deal europeo, con 100 bn€ para invertir en la transición energética y la creación de un “battery fund” de 3,2 bn€ para promover la investigación y el desarrollo del almacenamiento de energía limpia. Paralelamente a esas inversiones, la UE también está mejorando su marco legislativo, alineándolo con el desarrollo de una economía sostenible para estar mejor protegida contra la competencia extranjera respaldada por el Estado (¿China?).

 

El reciente acuerdo sobre una nueva taxonomía o clasificación de las actividades ecológicas a nivel de la UE y la posible implementación de un impuesto al carbono en su frontera (un arancel aplicado a las importaciones que equivaldría a la diferencia entre el precio del CO2 de la UE y el del país exportador) son herramientas poderosas para alentar y proteger a las compañías punterasdentro del mercado común.

 

El último punto es el más controvertido de todas las iniciativas verdes de la UE. La necesidad de un impuesto sobre el carbono en la UE aplicado a todas las exportaciones es una propuesta que Francia ha defendido durante mucho tiempo. Proviene de una comprensión natural de que a medida que se insta a las empresas europeas a ser más verdes, productos importados que proceden de actividades más contaminantes y más baratas podrían ganar cuota de mercados adicionales en el mercado común. Técnicamente, el impuesto es difícil de implementar debido a la complejidad de analizar las cadenas de suministro para evaluar la huella de carbono de los productos (diferentes países de producción implican diferentes precios de carbono). La UE y su industria exportadora (véase Alemania) pueden temer legítimamente sufrir algunos aranceles de represalia, dejando solo el tema en manos de la OMC. No obstante, los pasos propuestos revelan un cambio de mentalidad de los principales poderes ejecutivos de la UE y se mantendrá así en el corto plazo, primero en relación con las industrias más intensivas en energía: acero, vidrio y cemento. Vale la pena recordar que los primeros aranceles europeos fijados en China también se dirigieron al acero.

 

La UE se encuentra en una situación en la que quiere liderar los problemas climáticos, pero le resulta difícil formular soluciones locales satisfactorias a un problema global. Se trata de implementar políticas virtuosas, sin matar a sus propias empresas a través de regulaciones excesivas y / o importaciones más baratas. La Sra. Vestager, vicepresidenta de la Comisión Europea, relacionó la lucha contra el calentamiento global con la innovación tecnológica, donde la UE está muy rezagada con respecto a China y los Estados Unidos, lo que justifica la adopción de una estrategia industrial. Si bien el paradigma sacrosanto de "libre competencia" sigue vivo en la Comisión, parece que esta vez la UE puede ser menos ingenua. La UE se ha dado cuenta de que con políticas ecológicas podría ofrecer una respuesta estructural a una gran cantidad de sus problemas de larga duración.

 

Las exigencias ESG (environmental, social and governance) para grandes compañías: un objetivo de gran alcance...

 

Las empresas globales se ven presionadas desde diferentes niveles: en el estatal, donde cada vez se ejercen o se utilizan como una herramienta geopolítica, y a nivel ciudadano como una forma de promover más justicia social. A medida que aumenta el escepticismo hacia la globalización, las empresas que se han beneficiado indebidamente tienen algo que explicar en esta cuestión. Hay menos tolerancia en una serie de prácticas corporativas (piense en alimentos), mientras que una regulación social y ambiental más fuerte se está produciendo rápidamente.

 

Los criterios actuales de ESG (medioambientales, sociales y de gobierno corporativo) nunca abarcarán todos los riesgos a los que se enfrentan las compañías globales, que se relacionan estrechamente con un gran número de proveedores y están sujetas a varias jurisdicciones y legislaciones. Eso significa que los riesgos en el ESG también pueden ser mayores para estas empresas debido a sus complicadas operaciones y de alcance mundial. Por el momento, la mayoría de los informes no describen con precisión la realidad de todas sus relaciones y ubicaciones de clientes. Esto será contraproducente, inevitablemente.

 

Para las compañías globales, algunos riesgos ESG permanecerán fuera de su control. Aunque algunas empresas con poder adquisitivo ya están obligando a sus proveedores a alinearse más rápido. Impulsados por los hábitos cambiantes de sus clientes/percepciones renovadas y el temor de estar asociados con escándalos que surgen de la nada (¿las penosas condiciones de trabajo en Xinjang?), las grandes empresas están presionando a sus proveedores para que se alineen con las expectativas de los clientes finales de un mundo mejor. La visión simplista del mundo para los clientes finales se impone enúltima instancia.

 

Asegurarse de que los contratos y las operaciones de una empresa en áreas remotas cumplan con los estándares de inversión ESG de Europa es una tarea hercúlea que no tiene fin, ya que cada vez que se resuelven unos problemas vuelven aparecen otros a continuación, de forma que no parece tener fin. En este contexto, es probable que las empresas de la UE con grandes operaciones locales encuentren más fácil adoptar estos nuevos estándares. La transparencia en todas las relaciones comerciales es coherente con la inversión ESG que solicitan los consumidores, pero esto va en contra de la eficiencia derivada de las relaciones comerciales multilaterales. Inclinarse más hacia ESG resulta en el aumento de costes y precios, lo cual es consistente con el hecho de que las externalidades ya no serán gratuitas.

 

¿Favorecerá la orientación ESG a las compañías europeas domésticas?

 

Desde la perspectiva de los inversores de la UE, invertir con los criterios ESG (es decir, ISR o inversión socialmente responsable) podría significar ser más local: para garantizar mejor a una empresa determinada las operaciones continuas y las relaciones comerciales. Esto será particularmente fuerte en Europa, cuyo marco "verde y social" será el más exigente del mundo, por lo que se puede esperar legítimamente que las empresas que operan en el mercado común sean las más avanzadas en temas ESG a lo largo desus cadenas de valor.

 

Algunos políticos y economistas también defienden la idea de que una economía sostenible significa un cambio de paradigma, donde las actividades “limpias”, locales e inclusivas son clave en este nuevo modelo económico. Exigir a las corporaciones que reconsideren su modelo de negocio, si no es que se trasladen o repatrien.

 

Por lo tanto, la apuesta sería que el impulso de los criterios ESG convierta a Europa en una especie de Suiza ampliada, donde las empresas están más protegidas para tener una visión a largo plazo de manera colaborativa. A medida que las empresas de la UE eventualmente se conviertan en las mejores y más rápidas del mundo en alinearse con una economía inclusiva y baja en carbono, aquellas que sobrevivan al esfuerzo pueden obtener una prima de valoración al igual que las suizas eventualmente. Mientras tanto, es probable que las compañías con operaciones locales sean menos penalizadas y cumplan con estos estándares a costes más bajos. Es una declaración bastante paradójica que destaca cuán profundamente afectará el ejercicio de los criterios ESG a las empresas: un aumento del coste puede ser bienvenido...

 

Si el proteccionismo es un componente esencial de cualquier política ecológica o simplemente una excusa para que la UE tenga un mayor impulso en la carrera mundial, apenas importa. Dos cosas parecen seguras: la UE impondrá estándares verdes más altos y protegerá a sus empresas. La caja de Pandora del proteccionismo está abierta. Se puede decir que la lucha por el clima también significa un resurgimiento de las tensiones geopolíticas.

 

¿Qué compañías disfrutarán del paseo verde?

 

De las 462 compañías europeas cubiertas por AlphaValue, casi el 55% de su personal está ubicado en Europa (región escandinavia, Reino Unido y Suiza incluidas) y 50 tienen más del 95% de sus ventas en la Comunidad Europea (telecom yutilitiestambién incluidas).

 

Nuestros analistas han configurado dos carteras igualmente ponderadas de 10 acciones cada una de nuestra cobertura total. La primera está muy expuesta a Europa y la segunda está más abierta al mundo. Para analizar su presencia en la UE, hemos considerado el porcentaje de su personal ubicado en Europa y la geografía de sus ventas (los consumidores son clave para impulsar cambios sostenibles, y aún más en una Europa preocupada por las cuestiones sociales y ambientales). Al confrontar sus performances (igualmente ponderados), obviamente, se contempla toda la información del mercado más allá del perfil relativamente eurocéntrico de esas empresas. Si bien parece que se está mostrando un grado de resistencia a lo largo de los últimos 5 años para el grupo centrado en Europa, esas compañías listadas son demasiado pequeñas para no estar bajo el impacto de actuaciones individuales. Es más bien un recordatorio.

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