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Publicado en CONSENSO Lunes, 03 de diciembre de 2018 07:00

Los cortos y las acciones en préstamo, un problema de información

Luis Iturbe (Expresidente del IEAF) | Sobre las ventas de acciones a crédito, publiqué en Expansión, entre 2008 y 2013, tres artículos sobre los que quiero volver a fuer de ser repetitivo. Me refiero ahora exclusivamente a dos aspectos que denuncié en dichos artículos, que me parecen especialmente llamativos y que no han sido considerados por la “doctrina”, ni, lamentablemente, por el supervisor.

 

1.- El prestamista de los títulos. Existen casos en los que el titular de las acciones consiente en prestarlos y percibe una retribución por ese préstamo. Pero sorprende que algunos prestamistas sean fondos de inversión que mantienen los títulos en cartera y los prestan aunque sufran en muchos casos una pérdida en su valor liquidativo por cuanto que la caída del valor es superior a la comisión que perciben por el préstamo. Aunque desde el punto de vista jurídico no hay nada que objetar no se puede obviar ese dato. En otros casos no hay constancia de que exista el consentimiento expreso del propietario de las acciones para prestarlas. ¿Verifica el supervisor que en el caso de custodios internacionales el auténtico propietario de las acciones conoce la existencia del préstamo, y percibe alguna comisión por la operación? Aunque en el contrato de custodia exista alguna clausula que lo autorice, ¿no sería una cláusula discutible?

Dejo el tema abierto, pero me parece que los supervisores del mercado deberían pronunciarse claramente sobre estos aspectos.

 

2.- La creación artificial de títulos. Admitiendo que jurídicamente no se alteran los derechos económicos (dividendos), ni políticos (voto), en este con interrogantes, es evidente que se crean nuevos títulos sin autorización del emisor.

 

Un operador a crédito vende unos títulos que están, y permanecen, en la cartera del prestamista y, también en la del comprador, por tanto están en bolsa con dos orígenes y titulares, es decir dos veces. Lo he afirmado en los artículos publicados hace años en Expansión sobre este tema, me lo reconocen en los ambientes profesionales, incluso los mayores defensores de esta operativa, pero nadie, lamentablemente, entra en el análisis de su trasfondo jurídico y sus consecuencias.

 

La capitalización bursátil, el valor de la empresa en el mercado, es resultado de multiplicar el número de acciones emitidas por su precio en bolsa, que no es otra cosa que, el de equilibrio entre la oferta de títulos a la venta y la demanda de títulos a la compra. Insulta la inteligencia del lector recordar que a más precio más títulos a la venta y viceversa.

 

Pues bien si un prestatario vende acciones a crédito por un 5% del capital, ello equivale a que el mercado asume, de facto, una ampliación de 1x20, y con ello, el precio de equilibrio del mercado no está formado, en base 100, por una oferta de 100 títulos, sino de 105, lo cual inevitablemente tendrá que ser menor que el que corresponde a una de 100. Es decir que estamos ante un precio alterado por el exceso de oferta.

 

Un hecho que no sé si vulnera la Ley de Sociedades Anónimas o no, ya que se produce un incremento del número de títulos, sin autorización de Junta General. Mercantilistas habrá que lo estudien y se pronuncien, pero, por favor, háganlo, pues es un tema lo suficientemente importante para que no se deje a la espera de criterios internacionales, que no parece que vayan a adoptarse.

 

Llama poderosamente que la presión para aplicar MIFID II, que protege los derechos del inversor, y recientes sentencias contra los intereses de intermediarios financieros condenados a resarcir a clientes y ahorradores, convivan con la manifiesta dejadez de todos los responsables, en un tema como el "short selling" tan perjudicial para los intereses de los pequeños accionistas/ahorradores e incluso de las propias compañías y del mercado.

 

Tenía previsto incluir como tercer punto, la repetitiva coincidencia, entre actuaciones bajistas por parte de los cortos, con noticias mediáticas, que a veces suponen una inestimable ayuda a los objetivos del vendedor. No me atrevido a hacerlo pues se trata de algo, desgraciadamente, indemostrable. Pero se puede constatar que no existen expedientes por "insider trading" ni siquiera cuando se ha constatado (caso de la resolución del Banco Popular) que los cortos han pegado un auténtico “pelotazo”, además de coadyuvar a la crisis de liquidez. Pese a ser hechos conocidos el tema ha quedado relegado al olvido.

 

La defensa de los intereses de los pequeños accionistas/ahorradores creo que merece una respuesta clara a los dos temas, anteriormente, apuntados.  

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