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Publicado en GESTORES Viernes, 21 de junio de 2019 08:51

Los fondos en renovables, con viento en popa y a toda vela

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | El impulso más fuerte, el más potente viento en popa para impulsar a los fondos ASG, (ambientales, sociales y de buen gobierno empresarial) y, en particular, a los especializados en energías renovables, lo va a desencadenar el mayor fondo soberano del mundo. El pasado 12 de junio, el Parlamento noruego aprobó que el famoso Fondo de Pensiones del país desinvierta 11.000 millones de euros en acciones relacionadas con combustibles fósiles y, en paralelo, invierta 17.000 millones en proyectos de energía eólica y solar.

 

 

Si alguien no creía aún en el futuro de las renovables como inversión, sus dudas habrán desaparecido con este vendaval. Si un fondo como el noruego, cuyos activos superan los 921.000 millones de euros, decide abandonar el petróleo, precisamente la materia prima que lo convirtió en el mayor fondo soberano del mundo (por encima incluso de los árabes), para volcarse en las energías renovables, es que esto, señores, va muy en serio.

 

Los 17.000 millones de euros que el gran inversor nórdico va a colocar en el sector renovables pueden ser sólo su primer soplido, ya que representan apenas un 2% de sus recursos totales. Pero si además desinvierte 11.000 millones de euros del total de 32.000 millones que tiene en petroleras, el movimiento en el mercado planetario de renta variable va a ser telúrico (el Fondo de Pensiones de Noruega es propietario nada menos que de un 1,3 por ciento de todas las compañías cotizadas en las bolsas mundiales).

 

El Ministerio de Finanzas del país nórdico calcula que el valor del mercado global de infraestructuras en energías renovables crecerá un 50% entre 2017 y 2030, para pasar de 2.900 a 4.200 millones de dólares. Nuestro propio plan para energías renovables, presentado en Bruselas, prevé que el 74% de la energía sea renovable en 2030, frente al 38% actual, un porcentaje ridículo para un país bendecido por el sol y no falto de fuertes vientos (sin olvidar el grandísimo potencial de la eólica marina, teniendo en cuenta que somos una península casi totalmente rodeada de mares). Nuestra ministra para Transición Ecológica, Teresa Ribera (llamada quizás a ocupar un superministerio en el próximo gobierno o incluso una gran responsabilidad en Bruselas), ya se está frotando las manos de satisfacción y ha declarado su esperanza de que el fondo noruego se fije en el sector renovable español, tan necesitado de inversiones para ponerse a la altura que se merece.

 

Sus carteras de fondos también se lo merecen. Aprovechen este fuerte viento en popa que impulsa a las energías eólicas y solar. Lo que ha decidido el fondo noruego sí es marcar tendencia. Los inversores en fondos que tengan visión de medio y largo plazo deberían sumarse al movimiento antes de que los precios de las renovables se disparen y las velas estén ya demasiado hinchadas. Ahora va en serio, porque se ha puesto al timón un gigantesco inversor dispuesto a alejarse cada vez más de ese oro negro que fundamentó su propia riqueza.  

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