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Martes, 22 de octubre de 2019

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Publicado en GESTORES Viernes, 13 de septiembre de 2019 08:00

Asignaturas para septiembre (3): El retroceso de populistas y “caballo-flautas”

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | En la línea de seguir transmitiendo al inversor mensajes esperanzadores para afrontar las asignaturas pendientes del nuevo curso, hay pocos más positivos que el generado durante la primera semana de septiembre: prácticamente en las mismas 48 horas, dos de los más dañinos populistas anti-europeos y anti-mercados sufrían sendas espectaculares derrotas.

 

 

El falaz Boris Johnson se estrellaba contra el Parlamento que pretendía cerrar para facilitar el suicidio británico del Brexit duro; casi al mismo tiempo, el también nocivo Matteo Salvini era descabalgado del poder absolutista en el que pretendía perpetuarse al intentar forzar unas nuevas elecciones generales. Y tampoco olvidemos los patinazos, cada vez más frecuentes, de nuestros populistas y “caballo-flautas” patrios.

 

Las derrotas de Johnson y Salvini han sido magníficas noticias para los mercados y para la estabilidad de esa Europa amenazada que, pese a los malos augurios, ha sabido hacer frente a tan dañinos especímenes típicos del populismo más cerril. El Brexit duro se aleja, al tiempo que Italia entierra en anti europeismo de la independentista, racista y derechista Liga Norte de Salvini y vuelve a una senda de cooperación absoluta con Bruselas. Tanto la economía británica como la italiana siguen asomándose al precipicio de la recesión, pero se han librado, al menos por ahora, de los fantasmones populistas cuya única receta era echarle la culpa de todo a los otros en su sentido más amplio: los inmigrantes invasores, los burócratas de la Unión Europea… pero no, por supuesto, a los auténticos enemigos del proyecto europeo (como Putin, por ejemplo). Los 27 miembros de la Unión Europea habían mostrado hasta ahora una inesperada firmeza frente a las veleidades británicas, lo que ha servido de vacuna ante nuevos posibles intentos de romper el club. E Italia, Estado fundador del proyecto europeo y tercera potencia económica del mismo, ha sido el primer miembro beneficiado por esa vacuna, que ha aislado y neutralizado a ese virus llamado Salvini. ¿Dónde quedan ahora sus continuas amenazas de pasarse por el arco del triunfo todos los controles de Bruselas, lo que supondría meter a su país en una espiral imparable de endeudamiento, descontrol de las entidades financieras, recesión y mensajes anti europeístas, por no hablar de sus repetidos delitos, de los que quizás algún día responda, contra el Derecho Internacional por su ofensiva anti-inmigrantes? Si a todo esto se unen el frenazo de los neonazis en las últimas elecciones regionales germanas, las horas bajas de Trump (comentadas hace dos semanas en este mismo espacio) y de su amigo Putin, así como los continuos patinazos de algunos de nuestros populistas patrios (ya hay humoristas que llaman “caballo-flautas” a los líderes ultraderechistas desahuciados de su lujoso chalet ilegal en Madrid), reconocerán conmigo que los mercados, y la sociedad en su conjunto, tienen motivos de celebración.

 

Los inversores en fondos que hayan tenido el temple de aguantar las turbulencias veraniegas, habrán acertado. Sus posiciones, particularmente a medio y largo plazo, en productos de renta variable no habrán sufrido en exceso. Cierto es que aún quedan muchas incertidumbres y asignaturas difíciles de superar en lo que resta de ejercicio. Trump puede seguir haciendo mucho daño, los populistas siguen al acecho, el Brexit duro aún podría producirse, la recesión ensombrece el horizonte y Europa (sobre todo sus Estados con fuerte superávit) debe tomar medidas para superarla, con el apoyo de un Banco Central Europeo cada vez con menos capacidad de maniobra pero dispuesto, con su nueva presidenta, Christine Lagarde, a seguir la senda marcada por el sabio Mario Draghi. Estados Unidos también debe esforzarse para negociar con China y evitar un fuerte impacto en su propia economía que no gustará nada al imprudente, inconsciente e ignorante de Trump, que difícilmente renovará su mandato si llega a las elecciones con el PIB empantanándose por culpa de su estúpida guerra comercial.

 

No hay que relajarse. Pero, como no me canso de repetir, tampoco hay que agitarse en exceso. Los movimientos bruscos en las carteras de fondos nunca son buenos. Jamás dejemos de mirar al largo plazo y en confiar en que los mercados y la sociedad están, pese a todo, suficientemente bien diseñados para aguantar a los Johnson, a los Trump, a los Salvini y a todos los populistas y “caballo-flautas” de diverso pelaje y condición.  

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