Usamos cookies propias y de terceros para mejorar servicios y mostrarle publicidad de su preferencia mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Jueves, 12 de diciembre de 2019

Pulse en el valor para ver ratios >

Publicado en GESTORES Viernes, 11 de octubre de 2019 08:00

Gestiona para mí y también para ti

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | En todos los sectores hay artesanos. Profesionales que ponen un especial cuidado en su trabajo y en que el cliente quede satisfecho, aunque en ocasiones tenga que pagar un precio más alto. En el mundo de los fondos de inversión, este carácter artesano de muchos gestores ser refuerza cuando apuestan todos sus ahorros –y en muchos casos el de sus familias– en los mismos productos que están gestionando para el resto de inversores.

 

 

Imagínese un albañil que va a vivir en la misma casa que está construyendo para usted. O un mecánico que va a viajar en su mismo coche. O un agricultor que va a alimentarse con los mismos productos que cultiva para usted. Serían ejemplos perfectos de lo que técnicamente se llama “alineación de intereses” con el cliente.

 

Conocí casos de algunos empleados de banca que colocaron productos basura, como las famosas preferentes, entre sus propios familiares, tras haberlos suscrito ellos mismos. En estos profesionales quizás primó, ingenuamente, la idea de que sería más fácil colocar algo en lo que ellos mismos creían, o, lo más probable, tuvieron que actuar así presionados por sus superiores y por la obligación de cumplir determinados objetivos comerciales. Lamentablemente, luego quedó demostrado su error, aunque al menos pudieran alegar que cayeron en la misma trampa que sus propios clientes. También hubo algunos bancarios que, pasando de la ingenuidad al descaro, les vendieron las preferentes y otras porquerías a sus parientes y amigos, aunque ellos mismos se cuidaron muy mucho de suscribirlas… Pero esto es otra historia y tiene un titular más desagradable.

 

Más allá del ejemplo del albañil que construye para sí mismo o del comercial que contrata lo que ofrece a terceros, en la gestión de fondos hay casos de compromisos aún más intensos. Como se detalla en número dos de la revista GESTORES, de inminente publicación, hay gestores de fondos que han comenzado sus carreras profesionales jugándose su propio dinero y, en ocasiones, el de sus familiares más cercanos. Luego han crecido poco a poco, han recibido el apoyo de alguna gestora, y ahora tienen en el mercado fondos de inversión disponibles para cualquier cliente. Quienes suscriban participaciones de estos productos, lo harán con la tranquilidad de saber que el gestor está trabajando no sólo para los inversores, sino también para él mismo.

 

Esto, además, diluye cualquier polémica y duda sobre las comisiones de gestión. Cierto que el gestor puede ganar por los dos lados: por la comisión que cobra, pero también por lo que se revalorice el fondo. Pero es un argumento también a favor de estos productos, sobre todo si, como suele ser habitual, sus comisiones de gestión son bajas, a cambio de tener una comisión de éxito. Es decir, que el gestor gana más cuanto mejor vaya el fondo, lo cual también es positivo para el inversor.

 

Incluso en los momentos en que el fondo no responda a lo que se espera de él, dará más tranquilidad al partícipe saber que, cada mañana, cuando el gestor conecta sus pantallas para conectarse a los mercados (suponiendo que por la noche haya sido capaz de desconectarse de ellos), está trabajando no sólo por su remuneración profesional, sino también por hacer crecer su propio patrimonio tanto como el de sus clientes.  

Aviso:  Acceda al contenido completo de Consenso del Mercado sumándose a nuestra Zona premium.