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Jueves, 23 de enero de 2020

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Publicado en CONSENSO Domingo, 29 de diciembre de 2019 00:00

Salvando obstáculos de cara al 2020

José Ramón Díez Guijarro (Bankia Estudios) | El final del ejercicio ha servido para despejar algunas de las dudas que han distorsionado las decisiones de los agentes económicos durante los últimos meses, lastrando los ritmos de crecimiento de la actividad.

 

 

Se ha mejorado la visibilidad en el corto plazo, aun siendo conscientes de que el factor incertidumbre ha llegado para quedarse, lo que exigirá más tiempo y recursos para intentar entender su influencia sobre las decisiones de consumo e inversión en un mundo en el que la información fluye por canales muy diferentes. Pero, de momento, sabemos dos cosas que clarifican el escenario para la primera parte de 2020: i) los dos grandes bancos centrales consideran que la actividad ha entrado en una etapa de estabilización tras las alarmas del verano pasado; y ii) baja la intensidad del conflicto comercial, tanto por la certificación del USMCA (antiguo NAFTA) por la Cámara de Representantes de Estados Unidos, como por la firma de un armisticio en el conflicto comercial entre Estados Unidos y China (fase 1 del acuerdo). Es decir, hasta las elecciones presidenciales americanas se podría mantener la distensión arancelaria, lo que incluirá algunas rebajas de los aranceles aplicados en los últimos 18 meses, limitando los daños en las cadenas de valor y alentando alguna decisión de inversión que se había postergado ante el ruido transmitido por la incertidumbre arancelaria.

 

Los dos grandes bancos centrales no parece que vayan a volver a rebajar los tipos de interés, en ausencia de sorpresas económicas negativas. En el caso de la FED, porque se da por cerrado el movimiento preventivo de rebajas de tipos de interés, una vez que la economía americana sigue dando muestras de solidez, mientras que, en el del BCE, porque, además de cierta estabilización en los datos de actividad (reconocida por Lagarde en su primera rueda de prensa), se van acumulando evidencias de los efectos secundarios negativos que tendría profundizar en la zona negativa de tipos de interés. En este sentido, el banco central de Suecia finiquitaba la política de tipos de interés negativos (NIRP), al situar el tipo repo en el 0%, no por una mejora de la situación económica, sino por las amenazas a la estabilidad financiera que suponen los tipos negativos, especialmente, cuando se mantienen en esa zona durante mucho tiempo. Además, hay que considerar las dificultades de explicar a los agentes las bondades de una situación tan anómala como es la de penalizar el ahorro durante tanto tiempo.

 

En este contexto, a la espera de las últimas sesiones del año y una vez salvados los últimos obstáculos, el comportamiento de los mercados financieros en 2019 ha sido muy positivo, con prácticamente todas las categorías de activos presentando rendimientos por encima de la media histórica (en algunos casos la duplican). Es evidente que parte del buen comportamiento responde a la compensación de las caídas del último trimestre de 2018 y, por tanto, el punto de partida para el año que viene es más desafiante para el mercado, pues las valoraciones están mucho más ajustadas. Pero, aun así, en un entorno de amplio ruido geopolítico y mediocres datos de crecimiento, los resultados han terminado siendo parecidos a los de 2017, cuando los ritmos de crecimiento de la economía mundial eran muy superiores y, además, se distribuían de una forma mucho más homogénea entre las grandes regiones económicas. Por tanto, de momento, estamos hablando de expectativas de una mejora en los primeros trimestres del año que viene, pues no olvidemos que en el último trimestre de este año la economía mundial habría crecido a los ritmos más bajos de los últimos cuatro años (2,2%/2,3%), reflejando el deterioro del comercio mundial, la atonía de los sectores industriales y el efecto de la incertidumbre sobre las decisiones de consumo e inversión. Es decir, todavía la actividad no refleja la bajada generalizada de los tipos de interés desde el verano, el cambio de tono en las expectativas y el efecto riqueza alentado por las subidas de los mercados. Pero el movimiento de “risk on” y, por tanto, la mejora de las perspectivas de los inversores se percibe en que segmentos de elevado riesgo, como el de bonos corporativos americanos con “rating” CCC, hayan tenido en diciembre una revalorización del 4,5%.

 

Por tanto, en las últimas semanas del año ha aumentado la confianza en que la expansión global se prolongue, a la vez que han ido disminuyendo las probabilidades asignadas a una recesión. El crecimiento mundial en 2020 puede ser parecido al de este año, pero con un reparto más equilibrado, menos aportación de Estados Unidos y mejoras de las economías emergentes, especialmente América Latina y Europa Emergente. Estabilización es la nueva palabra de moda para referirse al comportamiento de las principales economías a corto plazo, pero siendo conscientes de que la balanza de riesgos sigue sesgada a la baja. En este sentido, Robert Lightizer, máximo representante comercial de Estados Unidos, avisaba que el siguiente foco de Trump en el conflicto comercial va a ser Europa. 

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