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Lunes, 21 de septiembre de 2020

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Publicado en CONSENSO Jueves, 10 de septiembre de 2020 00:00

Vulnerabilidad financiera de los hogares ante la Covid-19: una perspectiva global

BBVA Research | Los confinamientos por la Covid-19 y la crisis subsiguiente han ocasionado que muchos individuos dejen de trabajar o reduzcan sustancialmente sus horas de trabajo.

 

Frente a un shock de este tipo, que implica una merma o pérdida de la principal fuente de ingresos, el análisis de la vulnerabilidad financiera de los individuos u hogares, entendida como su capacidad para mantener su nivel de gasto corriente ante la pérdida de ingresos, cobra especial relevancia.

 

Existe una relación negativa entre vulnerabilidad financiera promedio de los hogares y desarrollo económico del país –medido como nivel de renta per cápita-. Sin embargo, existen otros factores que también determinan el grado de vulnerabilidad financiera. Este resultado se deriva de comparar economías con un nivel de PIB per cápita similar, pero cuya distribución de hogares en términos de vulnerabilidad financiera difiere. Emergen como casos paradigmáticos EEUU y Canadá (junto a países europeos como España, Reino Unido y Países Bajos), Sudáfrica y Colombia, así como Argentina, Brasil y Rusia.

 

Encuestas realizadas por diferentes organismos bajo las guías de la OCDE permiten analizar la relación entre vulnerabilidad financiera de los hogares y determinados aspectos sociodemográficos, como el género, la edad, el nivel educativo o la situación laboral de la persona de referencia del hogar.

 

  • Así, si la persona de referencia en el hogar es una mujer, es más probable que forme parte de un hogar financieramente vulnerable (aguantan menos de 3 meses con sus propios recursos), salvo para Hong Kong. Estas diferencias de género no parecen estar determinadas por el grado de desarrollo económico (son mayores en países como Argentina, Perú, EEUU y Reino Unido, frente a Paraguay y Hong Kong), ni tampoco con el nivel medio de vulnerabilidad financiera del país.

 

 

  • La relación entre vulnerabilidad financiera y edad es heterogénea. En buena parte de los países, los grupos etarios que muestran mayor probabilidad de estar en un hogar financieramente vulnerable corresponde a las personas más jóvenes y también para algunas economías, aquellos mayores de 64 años.

 

 

  • Los resultados sugieren una relación negativa entre el nivel de educación del individuo y la probabilidad de que el hogar al que pertenece se encuentre en una situación de alta vulnerabilidad financiera. La educación universitaria del individuo de referencia en el hogar garantiza en todas las economías consideradas una menor probabilidad de estar en un hogar vulnerable.

 

  • En cuanto a la situación laboral de la persona de referencia, si se encuentra ocupada, el hogar estará infrarrepresentado en el conjunto de hogares vulnerables, mientras que se produce una sobrerrepresentación en el caso de trabajadores desempleados e inactivos. La excepción son las personas jubiladas, cuya relación es mixta y depende en gran medida del grado de desarrollo del país. En todas las situaciones laborales analizadas existen excepciones ajenas al nivel de desarrollo, que apuntan a la importancia de factores idiosincráticos.

 

 

La reducción de la vulnerabilidad financiera no es sólo una cuestión de mayores ingresos. La resiliencia financiera se relaciona también con el manejo de las finanzas personales a lo largo del ciclo vital. Para ello se necesitan políticas estructurales que promuevan entre los hogares la planificación del futuro de forma consciente.

 

La educación financiera constituye un instrumento esencial en la toma de decisiones diaria, y sirve de escudo para la protección al consumidor. La implementación de iniciativas sobre educación y alfabetización financiera, especialmente en el caso de los grupos con mayores dificultades socioeconómicas, puede ser de gran ayuda para reducir los niveles de pobreza, desigualdad y exclusión social que con esta nueva crisis económica vuelven a tener un mayor protagonismo. Además, las políticas públicas destinadas a paliar los efectos de esta crisis, ya sea en forma de rentas públicas (subsidios), ERTE o moratorias personalizadas, son decisivas.

 

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